lunes, 17 de noviembre de 2003

Cine mexicano, ¿A quien le importa?

Las entrañas de la comunidad fílmica mexicana fueron cimbradas, luego de la ocurrencia absurda y fuera de lugar por parte de la Secretaría de Hacienda de proponer la venta del organismo productor de cine del gobierno, el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), el Centro de Capacitación Cinematográfica (una de las dos escuelas de cine más importantes en México) y los Estudios Churubusco, los más grandes de Latinoamérica.

Toda la comunidad cinematográfica del país, incluyendo la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, la Comisión Nacional de Filmaciones, la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) externaron su total desaprobación a esta descabellada idea.

El pasado 11 de noviembre circuló el borrador de la Secretaría de Hacienda donde hace algunas propuestas para intentar conseguir una reforma fiscal que tanto necesita México para su crecimiento económico.

Sus propuestas fueron desastrosas.

Obviamente la que más escándalo hizo, fue la intención del gobierno en deshacerse de 3 instituciones cinematográficas para conseguir apenas unos cuantos dólares que poco ayudarían a mejorar la situación económica del país.

Lo que más preocupó a la comunidad cinematográfica mexicana, fue la tardanza del gobierno para dar su postura. Pasaron varios días de incertidumbre, de ahí el escándalo que se hizo por parte de directores, productores, guionistas y actores

Hubo una cascada de declaraciones en apoyo al cine mexicano.

Algunas destacaron por su dureza, como la del guionista Carlos Cuarón, quien tachó a Vicente Fox como “ignorante”.

Pero también hubo otros personajes que quisieron pasarse de listos, tal fue el caso de Alfonso Arau, quien consideró que el gobierno mexicano no tiene la obligación de producir películas, sino de promulgar leyes que garanticen estímulos fiscales para que empresas privadas inviertan en el séptimo arte.

Lo que se le olvidó al realizador mexicano, fue el pequeño detalle de que sus dos primeras películas “El Águila Descalza” y “Calzonzin Inspector” las hizo gracias a los fondos estatales. Peor aún, “Como Agua para Chocolate”, cinta que lo hiciera famoso en todo el mundo, pudo filmarla gracias a los apoyos gubernamentales.

En los últimos cinco años, el Imcine, a través del Fondo para la Producción Cinematográfica (Foprocine) ha colaborado en la producción de unas 44 películas, entre ellas “El Crimen del Padre Amaro”, “La Ley de Herodes”, “El evangelio de las maravillas” y Sexo, Pudor y Lágrimas”

Increíblemente, todo este lío que ha dado la vuelta al mundo, tiene como origen la lucha por la sucesión presidencial del 2006.

El gabinete del presidente Fox está partido por la mitad.

El presidente Vicente Fox encargó a inicios de año a su brazo derecho, el secretario de gobernación, el organizar unas mesas de dialogo con los diferentes representantes de la industria cinematográfica mexicana y las diferentes instancias de gobierno involucradas, todo con la finalidad de juntos poder encontrar soluciones que pudieran solucionar la grave crisis que aqueja al cine mexicano desde hace unos años.

En una de esas reuniones, representantes de la Secretaría de Hacienda llegaron a la conclusión de que “siempre que un gobierno apoya al cine, sólo produce películas ineficaces”.

Es obvio que hay una confrontación entre secretarías de estado.

De ahí se explica que casi el mismo día que la Secretaría de Hacienda presentó el Proyecto de Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos para 2004 donde propone la venta de los organismos cinematográficos del gobierno, la Secretaría de Gobernación anunció un apoyo superior a los 15 millones de dólares (169 millones de pesos) destinado para que el IMCINE produzca cine mexicano, noticia que pasó de noche ante la torpe propuesta de Hacienda.

Aunque la propuesta, de llevarse a cabo tendría que ser validada por senadores y diputados, quienes ya han manifestado su total rechazo a siquiera tomarla en cuenta, la discusión retorna a la forma de encontrar un financiamiento para rescatar e impulsar al cine mexicano.

No es un asunto de falta de recursos esencialmente.

En México, mantener a un ex Presidente es más costoso que el presupuesto asignado al Centro de Capacitación Cinematográfica. Tiene que ver más bien con disposición política. En países con una economía muy similar a la nuestra, como Brasil, Argentina y Colombia, se produce una buena cantidad de películas gracias a medidas muy concretas que se han convertido en Ley y que promueven efectivamente sus cinematografías.

Es decir, el cine hecho por el estado, sí puede ser negocio.

Una paradoja más: a pesar de la reciente crisis económica argentina, los argentinos producen tres veces más cine que los mexicanos, cuyo gobierno se enorgullece de mantener una economía estable.

Es frecuente escuchar el comentario de qué el cine mexicano (largometrajes, cortometrajes y documentales) está destacando en el extranjero y genera grandes expectativas porque varios de sus cineastas dirigen o fotografían cine con presencia mundial.

La paradoja es que mientras se da esta imagen internacional el cine mexicano vive, sin exageración, el que quizás sea su peor momento por la falta de incentivos eficaces a los productores y creadores en general.

Mientras las aguas se calman, el cine mexicano tendrá que enfrentar su triste realidad.

La iniciativa privada no se arriesga más allá de las gastadas fórmulas de comedias románticas.

El apoyo que el gobierno dará para el siguiente año resulta insuficiente, apenas para filmar unos diez largometrajes. Lamentablemente esos 15 millones de dólares se pierden en el aparato burocrático, pagando sueldos y prestaciones, por lo que al final, la cifra total de cortos y largometrajes filmados con apoyo gubernamental será mínima.

Paradójicamente, el 2004 pinta muy bien para los mexicanos en el cine.

Las incursiones de Diego Luna con Spielberg, Gael García Bernal y Daniel Giménez Cacho con Almodóvar o el proyecto que traen entre manos Salma Hayek y Penélope Cruz.

Por si fuera poco, se rumora que serán varias las nominaciones al Oscar que obtendrá “21 Gramos” cinta de Alejandro González Iñárritu, mientras que Guillermo del Toro regresa a la pantalla grande con “Hellboy” adaptación del cómic homónimo y Alfonso Cuarón hará las delicias de los seguidores de Harry Potter con una nueva entrega de la saga.

Con una producción anual que difícilmente llega a rebasar las 20 películas, el cine mexicano se da el lujo de hacer ruido en los escenarios más importantes y de paso, soportar la indiferencia de políticos a los que la cultura les viene importando un cacahuate.