miércoles, 24 de marzo de 2004

Entre el cielo y el infierno

GUADALAJARA.- Luz y sombra. Hay muchos contrastes en este festival, lo mismo se pueden apreciar funciones matinales con sonoros ronquidos de algunos miembros de la prensa (las fiestas son irresistibles), que público arrebatándose los boletos para ver las cintas que han causado sensación o largos e incómodos silencios cuando los realizadores asisten a la sesión de preguntas y respuestas al término de su película (¿verdad Iván Ávila?).

Es cierto, desgraciadamente en la mayoría de los festivales de talla internacional es común toparse con varios negritos en el arroz, películas que nadie se explica cómo quedaron registradas en las secciones competitivas.

Pero lo que ocurre en la Sección Oficial Mexicana de la XIX Edición de la Muestra de Guadalajara lo podríamos catalogar como un verdadero desastre.

Recordemos que son nueve películas mexicanas en competencia.

Al momento de escribir estas líneas, se habían proyectado para la prensa 6 títulos.

De ellas y como adelantábamos en la anterior entrega, sólo “Temporada de Patos“ (la revelación de la Muestra) y “Un día sin mexicanos” (con todo y sus detallitos) se salvan de los bodrios de Jaime Humberto Hermosillo (El Misterio de los Almendros), Gabriel Retes (@festibercine.ron), Lorena Villarreal (Las Lloronas), Iván Ávila Dueñas (Adán y Eva) y Federico Hidalgo (Un amor silencioso).

La interrogante queda en el aire para los jurados ¿Qué rayos premiar? ¿Declararán desiertas algunas categorías? ¿Regalarán algún Mayahuel a las infumables cintas de Retes y Hermosillo?

Esto último es lo peor que podría pasarle a la Muestra.

Más allá de ese pequeño gran detalle, el público que ha asistido a las diferentes salas donde se programa la XIX Muestra de Cine en Guadalajara, la ha pasado muy bien. De hecho la constante ha sido de funciones agotadas.

Si bien en la Sección Oficial Iberoamericana hay algunos títulos que también están fuera de lugar, el resto de las secciones lucen muy seductoras.

La gente está ávida de buen cine y la Muestra los está recompensando.

Entre que se empalman proyecciones de varias secciones y eventos en diversos puntos de Guadalajara, los medios de comunicación hemos tenido que hacer mil y un malabares para ver películas. Pero esa es harina de otro costal.

Eso sí, podemos presumirles de haber visto dos de las películas que han causado furor en este festival (además de “Temporada de Patos”): la colombiana “María, eres llena de gracia” y la española “Te doy mis ojos”.

Ambas cintas forman parte de la Sección Oficial Iberoamericana.

Dirigida y escrita por el norteamericano Joshua Marston, es una historia sobre el paso de niña a mujer de una joven colombiana, Maria Álvarez.

María es una chica de 17 años con mucha determinación por salir adelante. Vive en un pequeño pueblo al norte de Bogotá, donde trabaja con su mejor amiga Blanca en un inmenso de flores.

Su trabajo consiste en inspeccionar miles de rosas cada día. Medirlas, quitarles las espinas y prepararlas para ser exportadas.

Es un trabajo tedioso y difícil, que María desprecia con toda su alma. Para empeorar la situación ella tiene tres meses de embarazo y no tiene intención de casarse con su novio Juan, a quien no ama.

Al enfrentar a su jefe en el cultivo y dejar su trabajo, María toma la decisión de encontrar otra manera de ganarse la vida y así formar una nueva vida para si misma.

Es entonces cuando cae en la trampa tendida por aquellas personas que organizan viajes de Mulas que llevan drogas a Estados Unidos. Dinero fácil por tragarse 50 o 60 cápsulas de droga.

María se embarca en un viaje con Blanca que las lleva hasta Nueva Cork, a la comunidad colombiana en Jackson Heights, Queens.

Es la historia de dos niñas que crecen y se convierten en mujeres a través de un viaje fuerte, intenso, real y de la manera en que dejar Colombia y llegar a Nueva York, como inmigrantes, cambia sus vidas y su amistad.

“María, eres llena de gracia”, un filme dramático, como obliga el tema, sobre unas mujeres dispuestas a arriesgar algo más que la cárcel para salir de la miseria y que, en ocasiones, pagan con su vida esa decisión.

INTERMEDIO

Otra película impactante es “Te doy mis ojos”.

Luis Tosar y Laia Marull (ambos premiados en San Sebastián) son los protagonistas de esta historia dirigida por Iciar Bollaín.

Antonio, interpretado por un espléndido Tosar, es un hombre sin autoestima e inseguro que sufre procesos de ira que le hacen pegar a su mujer.

Su registro pasa de la ternura a la violencia con una facilidad sorprendente que el espectador sufre junto a su mujer. Pilar, una mujer que aunque parece débil es fuerte y lucha por amor.

El desarrollo rítmico de la película está marcado por su respiración. Una respiración que el espectador oye, siente y padece a través de su personaje.

De una manera escalofriante, consigue que el espectador huela el terror que sufre una mujer maltratada y se plantee inmediatamente, en una película de visión tan incomoda como necesaria, cuantas mujeres estarán pasando por lo mismo en ese momento y de que modo podrán escapar de sus propias cadenas que les atan a seres viles, débiles y violentos.

Su gran virtud además es que la película hace que el espectador se plantee y trate de entender que sucede en la cabeza de un agresor, y cuales son los mecanismos, complejos y frustraciones que le conducen a la violencia.

En dos secuencias claves de la película, sin sentimentalismos baratos, sin hacer ruido, la cámara de Bollaín clava su mirada en el rostro del tormento y en el silencio del dolor, generando secuencias por demás desgarradoras y explícitas, que muestran el horror tal cual es y la madurez de la realizadora, además de exhibir el inmenso registro actoral de los dos protagonistas, Laia Marull y Luis Tosar.

Sus personajes están perfectamente construidos y son tan complejos y diferentes entre si, como complicados de interpretar.

“Te doy mis ojos” no solo cuenta la historia de Pilar y Antonio sino también de quienes les rodean, como sucede en las calles de cualquier lugar donde se dan situaciones similares, una madre que consiente la situación (Rosa María Sarda), una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas compañeras de trabajo y una sociedad impotente ante esta situación.

La realizadora ha filmado una película dura, intensa y comprometida con una realidad, oculta y negada para muchos: la violencia doméstica.

“Te doy mis ojos” es una denuncia si, pero también un canto a favor de la vida y su reflexión hacia una sociedad que todavía permanece un tanto atónita ante situaciones tan dramáticas como las narradas en el filme.

OBSESIONES EN CORTO

En la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas se sienten orgullosos de su mentalidad retrógrada. Diana Bracho, presidenta del organismo anunció en esta ciudad que no se sumará a los festejos en honor del 100 natalicio de Emilio "Indio" Fernández, que se cumple este año, ya que la Academia no realiza homenajes personales. La también actriz recordó que lo mismo ha pasado con otras estrellas de la cinematografía nacional. La palabra “evolución” no está entre el vocabulario de los miembros de esa institución. *** Las fiestas nocturnas de la Muestra han estado de miedo. Diario hay reventón en algún antro de la ciudad. Las fiestas terminan justo cuando la luna le sede al sol su lugar en la bóveda celeste. En esos eventos corren ríos de tequila, ron, vodka y cerveza. Pero también ideas y propuestas. Da gusto ver a los nóveles cineastas mexicanos acercándose con sus colegas iberoamericanos, intercambiando ideas y puntos de vista. También aprovechan para coquetear con los productores extranjeros y los representantes de otros eventos cinematográficos.*