miércoles, 28 de abril de 2004

Zapata según Arau: un show cómico-mágico-musical

Alfonso Arau lo vino advirtiendo desde antes de la filmación. No íbamos a ver hechos históricos, simplemente la visión personal del realizador de un héroe charro.

La cosa es que se le pasó de “charro” y las consecuencias quedaron plasmadas irremediablemente en 35 milímetros.

Aún así, “Zapata” es una cinta que vale la pena verse.

Imagine una combinación de película de Leslie Nielsen, Matrix y el espíritu Jedi de Star Wars.

¿Grotesco? ¿Delirante?

Depende del lente con el que se quiera ver.

Lo cierto es que “Zapata” está lejos de ser una película de arte y su estilo se acerca más al humor involuntario de cintas protagonizadas por la India María o los hermanos Almada.

“Zapata, El sueño del héroe” es una farsa hecha película actuada por un farsante cantante devenido en actor y dirigida por un farsante director que se tiene a bien considerarse como uno de los mejores en el mundo.

Por lo pronto, Alfonso Arau, delante de todos los medios, con un cinismo o sinceridad descarada, se justificó ante todas las barbaridades que aparecen de principio a fin en “Zapata”.

Para empezar, Arau declaró que su película no busca apegarse a la realidad. Por lo tanto, es producto de una violación a la historia oficial.

"Sé que mucha gente espera un documental histórico, o una telenovela como “Senda de Gloria”, la cinta es una obra dramática clásica, donde al final, matan al héroe.

Es una obra de entretenimiento, no soy un historiador, sino un contador de historias, de alguna manera, lo sé, violamos la historia oficial, pero le he hecho un hijo muy bonito".

Arau ya hubiera querido un producto de la calidad de Senda de Gloria. En “Zapata” a diferencia del esplendor de esa telenovela, se nos presenta un México derruido, donde los presidentes (Porfirio Díaz y Madero) junto con los grandes hacendados de la época vivían y despachaban en edificaciones sin techo, a punto de derrumbarse.

La explicación del director a esta situación fue sencilla pero poco convincente.
"La película está hecha en esas ruinas (la ex hacienda de Coahuixtla, en Morelos); es como si todos estos personajes estuvieran en otra dimensión, se hubieran materializado en el lugar para contarnos su historia, lo que le da a la película un tono muy especial y eminentemente esotérico y espiritual", dijo.
Es decir, todos los defectos habidos y por haber en la película para Alfonso Arau son virtudes o en el mejor de los casos, parte del misticismo que rodeaba al caudillo mexicano.

¿Un Zapata místico?

La película, calificada por Arau como “esotérica-espiritual”, asocia a Zapata con Quetzalcóatl y Cuauhtémoc. El realizador explicó que cuando inició su proyecto no tenía nada como base. Entonces inició un trabajo de investigación y como parte de éste llegó a los chamanes de Morelos, quienes le contaron la historia como él la reproduce en la cinta.

“Para ellos Zapata no fue simplemente un líder revolucionario, fue un guerrero sagrado. Era de alguna manera una visión de Quetzalcóatl, incluso hablan de una reencarnación. Uno puede ser escéptico y creerlo o no creerlo, como puedes creer si Cristo resucitó o no, pero eso existe en la creencia popular. Lo importante de esta película es que a lo largo de estos 500 años después de la conquista, todos los indígenas fueron terriblemente reprimidos y es ahora cuando empieza a resurgir todo el indigenismo mexicano que nos da nuestra verdadera identidad como país.”

Señala que el guión fue hecho con toda intención bajo el rubro de la globalización, pensando en su explotación mundial. "Es un filme de doble sentido, universal temáticamente y local porque tiene la esencia de lo nuestro, de nuestra cultura, narrado a través de iconos, por eso a Zapata se le asocia a Quetzalcóatl".

El filme de Arau no es una súper producción, tampoco tiene ese espíritu épico, inclusive hace notar que a lo largo de toda la trama no hay una sola gota de sangre. “Eso es intencional, nadie me restringió en este sentido. No hay una sola gota de sangre en la película porque yo estoy huyendo de la cuestión sangrienta del cine, pues me parece un recurso barato y además esta es una fábula mística, todo es simbólico.

“Este héroe no dispara nunca y no mata a nadie, porque es un héroe místico”, se justifica el director, quien en todo momento defendió la labor de su protagonista principal.

En “Zapata, el sueño del héroe” se manejan algunas escenas que evocan el estilo de los grandes cineastas del cine mexicano de la época de oro, como “El Indio” Fernández y Gabriel Figueroa. Incluso hay una secuencia (llena de mucho humor involuntario) en la que Zapata le canta a su esposa, que hace recordar al indio Tizoc, de Pedro Infante.

Al respecto, Arau advierte que esto también es intencional en su producción, incluso señala que existe también cierta influencia hollywoodense.

“El cine siempre ha estado totalmente controlado por Hollywood, es absurdo negarlo, todos estamos influidos por él y para entrar al mercado mundial hay que hacer referencia a ello.

Todas las referencias mexicanas son intencionales. Siempre ignoramos al cine mexicano y yo tomé las imágenes de ‘El Indio’ Fernández y de Figueroa con un gran amor. Nos pertenecen, lo heredamos. Hay imágenes precisas del cine mexicano porque es nuestra cultura. Yo creo que esta es la cinta más mexicana que he hecho y al mismo tiempo es global”.

Luego de escuchar al propio Arau describir y justificar su película, el lector no puede hacerse otra imagen en la cabeza que la de un Zapata chafa y charro.

Un Zapata revolucionario que no dispara ni una bala, pero que le canta dulces cancioncitas de amor al oído de su quelite, un Zapata al que según no le hacen daño las balas pero que al final termina acribillado por ellas, un Zapata que se fusila elementos de otras películas en pro del arte, un Zapata que asesorado por una chamana (mitad Yoda, mitad Serafín) le enseña a teletransportarse para que en el momento en que lo necesita deje los conocimientos de lado, un Zapata que nos tenemos que soplar sólo por que Arau dice que tenemos la obligación de apoyar al cine mexicano ( se le olvidó decir que al bueno, no al malo).

Vamos, en síntesis, tenemos un Zapata bueno para nada.

Lo que filmó Arau es una especie de video-rola, pedazos filmados a lo burro, sin ninguna coherencia.

La película se llama “Zapata: El sueño del héroe” aunque nunca vemos aparecer al mítico héroe, porque precisamente como el título lo dice, estamos presenciando uno de sus sueños con olor a pesadilla, alguno de tantos que habrá tenido allá en el campo, antes de entrar en batalla.

Nuestra Opinión: @/12

Zapata, El sueño del héroe
(México-España 2003)
Dirección y guión: Alfonso Arau
Con: Alejandro Fernández, Patricia Velásquez, Lucero, Jesús Ochoa, Jaime Camil, Soledad Ruíz.
Duración: 120 minutos
Distribución en México: Videocine
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra