miércoles, 4 de agosto de 2004

Te doy mis ojos



La cinta abre con la imagen de una mujer desesperada huyendo de su casa junto con su hijo. Se trata de Pilar (Laia Marull), quien escapando de la violencia de su marido se refugia en casa de su hermana Ana.

El filme paulatinamente nos va mostrando el perfil de Pilar, sus miedos, sus decisiones (irse del hogar, búsqueda de independencia laboral, el perdón hacia Antonio su marido), y por supuesto su lento despertar (la tan esperada liberación final).

La metáfora fundamental, que hace a la mecánica de la relación, es el intercambio de carne entre la pareja: durante el lapso de diez años Pilar, en tanto símbolo de afecto, le “regala” a Antonio partes de su cuerpo (orejas, nariz, pechos, y finalmente los ojos) y Antonio, por su lado, le cede el día en que se comprometieron sus manos, promesa que por otro lado hará cumplir casi de manera literal.

Uno de los núcleos de la cinta será entonces la recuperación de un cuerpo, el de Pilar.

Pero hay otro proceso y otra metáfora que se presenta a lo largo de la historia y que tal vez sea el mayor acierto del filme.

Periódicos e informativos de España son acaparados de forma alarmante por salvajes palizas y asesinatos agrupados bajo el nombre de "violencia doméstica".

Setenta mujeres, al menos, perdieron la vida en España durante el 2003, asesinadas por sus maridos, novios; también por sus ex parejas.

Esto sucede en un país donde, según una encuesta realizada por el Instituto de la Mujer en el 2000, sobre la base de 20,552 entrevistas a españolas de más de 17 años, se estima que 640,000 mujeres son víctimas de la violencia doméstica.

Las aterradoras cifras resultan todavía más altas si se tiene en cuenta a todas aquellas que sin reconocer explícitamente que sufren este tipo de violencia, contestaron afirmativamente a ciertas preguntas (sobre si son insultadas o amenazadas, obligadas a tener relaciones sexuales, desvalorizadas delante de los hijos, etc.): casi dos millones de españolas son “técnicamente maltratadas”.



En el transcurso del 2003, se registraron más de 50,000 denuncias de mujeres golpeadas (un 16 por ciento más que en el 2002), después de haberse separado y/o haber hecho la correspondiente denuncia.

Sin embargo, entre los países europeos, no es España el que tiene la mayor tasa de homicidios derivados de la violencia de género: ese deplorable record de mujeres asesinadas por sus compañeros o ex compañeros se da en las regiones escandinavas, con 8.65 crímenes por millón de mujeres mayores de 14 en Finlandia, 6.58 en Noruega y 5.42 en Dinamarca.

En México y Latinoamérica el tema todavía es tabú. Miles de mujeres sobreviven a esta terrible situación en silencio.

Las siempre frías estadísticas y la constante aparición de nuevos casos desvelan una terrible realidad que, lejos de mitigarse, parece aumentar de forma imparable ante la indignación y estupefacción de todo ser que posea un mínimo de sensibilidad.

Escudriñar en este siniestro fenómeno que, aparentemente, no posee explicación, requiere un pulso de cirujano en la ardua tarea de evitar simplones estereotipos y evidentes rasgos panfletarios de denuncia a toda costa, por encima de la verosimilitud de una historia relatada.

La realizadora Icíar Bollaín, que alcanza aquí su madurez como cineasta, aborda este complejo tema desde su vertiente más humana.



Sus mayores logros radican en el hábil ejercicio de desenterrar al hombre que hay detrás de la bestia mientras se narra una historia de amor que subyace bajo la violencia física y moral, todo ello sin perder un ápice de credibilidad.

Bollaín nos obliga con su película a hacer un mayor esfuerzo intelectual, a pensar, a entender no sólo las razones por las que una mujer muy aterrorizada es capaz de atravesar todo un infierno con la esperanza de volver a ver en el marido que ahora la maltrata al hombre de quien se enamoró y al que aún ama, sino también todo aquello que provoca en un hombre enamorado de su pareja, esos terribles maltratos.

”Te Doy mis Ojos” se revela como una película que provoca un alto grado de incomodidad en el espectador, posiblemente porque Bollaín es perfectamente consciente de que no necesita mostrar la violencia en sí y ni mucho menos recrearse morbosamente en ella, sino que le basta con mostrar sus consecuencias y dejar que el espectador ate los cabos por sí mismo con la información que todos disponemos sobre este tema.

”Te Doy mis Ojos” huele y destila realidad.

Sin explicitud y sin usar escenas de violencia física, Icíar nos corta la respiración mientras deshoja, en clave de thriller psicológico y emocional, a dos seres humanos que tratan de luchar por su amor y se ven abocados al dolor, al sufrimiento, a la incertidumbre, a la sinrazón, a la pavorosa mutación del afecto conyugal y los celos en una relación heredera de la era de las cavernas.

La honestidad, la veracidad y el afán por intentar comprender lo inexplicable son las claves de esta gran película que nos habla de un infierno cercano e incesante.

“Te Doy mis Ojos” es una película imprescindible, un certero diagnóstico expuesto con atención al detalle, con madurez creativa que se sustenta en un guión excelente, condimentado por unas interpretaciones magníficas y sobrecogedoras.

Una obra que roza la perfección, en la que Luis Tosar, pero sobre todo, a mi modo de ver, una maravillosa Laia Marull, se confirman como dos de los intérpretes con una mayor capacidad de interiorización del actual cine español.

Nuestra Opinión: @@@@

Te doy mis ojos
(España 2003)
Dirección: Icíar Bollaín
Guión: Alicia Luna, Icíar Bollaín
Fotografía: Carles Gusi
Música: Alberto Iglesia.
Con: Luis Tosar, Laia Marull, Candel Peña, Rosa María Sardá, Sergi Calleja, Kity Manver, Nicolás Fernádez Luna, Chus Gutiérrez y Elena Irureta
Duración: 107 minutos
Distribución en México: Artecinema
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

Correspondencia con esta justiciera columna:

cloroformo@gmail.com

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