miércoles, 9 de febrero de 2005

Mar Adentro



La escena de un hombre postrado en una cama, inmóvil, asediado por sus fantasmas, afectado por el tedio y sometido a los dictámenes del sistema, puede parecer una escalofriante pesadilla.

Pero un panorama así es el que vivió Ramón Sampedro —gran luchador por la aprobación de la eutanasia en España— durante los casi 30 años que permaneció en su lecho hasta que, finalmente, murió producto de la ingesta de cianuro (su suicidio fue transmitido por la televisión).

Tras el éxito de “Los otros”, lo esperable era que Alejandro Amenábar apostara otra vez por una cinta con un elenco de estrellas y hablada en inglés.

Pero el realizador prefirió el riesgo: volvió a España; convirtió a Javier Bardem en un tetrapléjico que quiere morir y más encima lo puso a hablar gallego.

El cineasta español toma su libro “Cartas desde el infierno” (escrito con la boca) para construir el filme, lo que le permite ofrecer un retrato intimista, una aproximación a la dolencia espiritual del personaje y también a su lúcida defensa del derecho a morir.

Es que bajo la mirada de Amenábar, los polémicos pensamientos del tetrapléjico cobran sentido y contribuyen al diálogo sobre el tema, sin duda una de las grandes virtudes de la película.

Pero nada hubiese sido posible sin el protagonismo de un Javier Bardem trágico, contenido, creíble y alejado de los típicos facilismos dramáticos.


© Twentieth Century Fox

En su piel, Sampedro se nos presenta como un tipo carismático, inteligente y sensible, cuyo perfil no empata con el de un suicida.

El ama la vida y por eso mismo se niega a resistir su cruel postración. Y no cambia de idea, aunque la ley o un cura inválido traten de persuadirlo.

Lo que Ramón plantea es que la vida de cada uno es un derecho propio, inalienable, y no una obligación.

Su problema se hace visible y apremiante cuando se hace la diferencia entre suicidio y eutanasia.

El primero es personal (es una cuestión de cada uno), individual (muere uno y no otro) y puede ser un acto privado o público.

O sea que si decido acabar con mi vida y lo logro la ley no me castigará porque no sólo no hay sujeto punible sino que nada está legislado al respecto.

No se puede castigar a un muerto.


© Twentieth Century Fox

Si fallo en el intento tampoco seré castigado. La ley no contempla ningún castigo por atentar contra mi vida, por lo cual -por omisión- se me reconoce que mi vida es mía y nadie puede decidir por mí.

¿Pero qué pasa cuando el afectado personalmente no puede físicamente llevar adelante sus propósitos?

¿Terminar con el sufrimiento propio es un acto de justicia tan válido como ayudar al recién nacido a seguir viviendo?

Pero a diferencia de éste que no puede ni sabe defenderse ni decidir Ramón sí está en pleno uso de sus facultades mentales.

Igualmente interesantes son los roles secundarios, retratos complejos y realistas de las personas que simpatizan o rechazan la determinación del personaje central.

Ahí está su incondicional familia, además de Rosa (Lola Dueñas), una lugareña que se obsesiona con él, y Julia (Belén Rueda), abogada que está quedando progresivamente paralítica y, por eso mismo, decide ayudarlo en tribunales.

Con ella se teje una suerte de historia de amor que incrementa el sabor agridulce de la apuesta.


© Twentieth Century Fox

La cinta se ha ganado toda la atención de la crítica. Tanto, que la impecable conjunción de cinta biográfica, drama humano y cuidada sensiblería, hizo que hasta Hollywood se rindiera a sus pies.

Claro que a diferencia del cine hecho en Estados Unidos, Amenábar se la juega, jamás oculta la fascinación que sintió por la historia de Ramón Sampedro (Bardem) y, de paso, toma una controvertida opción moral.

Por primera vez el cineasta se atreve con un personaje de carne y hueso, y una historia de trascendencia social, como es la eutanasia.

Lo que pudo haber sido una película plana es, en manos de Amenábar, una cinta llena de instantes y matices.

Hay pizcas de humor para contrarrestar el drama y un rico tratamiento cinematográfico destinado a representar la interioridad del protagonista.

Un buen ejemplo de esto son los viajes imaginarios que Sampedro lleva a cabo, atravesando la ventana y desplazándose por los aires para llegar finalmente al mar; o los flashbacks de su malogrado accidente en una playa local cuando contaba con 25 años de edad.

El resultado es un filme inteligente, que juega hábilmente con los sentimientos del espectador, que seduce a pesar de lo espinudo del tema y de la apabullante personalidad de su protagonista, magistralmente encarnado por Bardem.

Es así como en un momento la cinta nos lleva al llanto, al siguiente a la sonrisa irónica, luego a la risa descarada y de ahí al silencio más reflexivo.

Nuestra Opinión: @@@@

Mar Adentro
(España-Francia-Italia 2004)
Dirección: Alejandro Amenábar
Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Música: Alejandro Amenábar
Con: Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas, Mabel Rivera, Celso Bugallo, Clara Segura, Joan Dalmau, Francesc Garrido
Duración: 125 minutos
Distribución en México: Twentieth Century Fox
Estreno: Febrero 18
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

Correspondencia con esta entrañable columna:

codigocine@yahoo.com



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