miércoles, 30 de marzo de 2005

La vergüenza del Ariel

La edición XLVII de los premios Ariel a lo mejor del cine mexicano logró darle la vuelta al mundo después de permanecer muchos años en el olvido.

En México, el acontecimiento estuvo presente en los titulares de todos los programas informativos de radio y televisión.

Fue la nota más comentada tanto en noticieros como en programas de espectáculos.

El mundo se enteró gracias a los despachos de las agencias informativas y a las imágenes proporcionadas por las cámaras de las cadenas televisoras mexicanas y extranjeras como Univisión y Telemundo.

Lo ocurrido la noche del martes pasado simple y sencillamente nos muestra que en México, el cine mexicano está en manos de gente sin visión, torpe, soberbia que solo busca salir en la foto y hacer negocio.

El incidente podría ser catalogado como “menor”. Sin embargo, el asunto adquiere otro matiz porque estamos hablando del principal evento de la industria cinematográfica de un país. Y si las cosas salen mal en ese evento, obviamente son un indicador del estado general que guarda nuestro maltrecho cine mexicano.

Tan solo imagine que lo narrado a continuación haya ocurrido en una ceremonia como el Oscar, el Goya o el Cesar Francés.

Impensable, ¿verdad?

Para empezar, los reporteros fueron citados desde las 5 de la tarde en el recinto de Bellas Artes, lugar donde cada año se realiza la ceremonia de premiación a lo mejor del cine mexicano.

La prensa solo obtuvo acceso a dicho lugar cuando prácticamente la ceremonia estaba por iniciar y eso, gracias a la molestia e impotencia de los representantes de medios de comunicación que tuvieron que dar “portazo”, es decir, entrar a la fuerza al lugar, en medio de golpes y jaloneos del cuerpo de seguridad.

Pero eso no fue todo. El poco glamour que pudo haber tenido una ceremonia de la cual muy poca gente se entera (apenas y se transmite al día siguiente en el más completo sigilo por un canal de televisión gubernamental) fue minimizado al desaparecer la alfombra roja.

Suena a broma de mal gusto, pero es verdad.

La gente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas tuvo el genial tino de no hacer alfombra roja este año.

Seguramente lo hicieron porque muchas “luminarias” tuvieron mejores cosas que hacer y para evitarse la vergüenza de tener una alfombra roja desierta, decidieron quitar esta pequeña pero importante costumbre.

Ni soñar con la presencia de Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Gael Gar´cia Bernal, Diego Luna o Emmanuel Lubezki.

Bueno, si hasta los premios organizados por revistas de música grupera tienen deslumbrantes alfombras rojas, mínimo se esperaría algo de igual o mayor nivel en los máximos premios del cine mexicano.

Lo peor es que al no haber alfombra roja, se rompió con el orden.

Nadie fue avisado de esa pequeña omisión, ni reporteros, fotógrafos, mucho menos los artistas.

Minutos antes de las ocho de la noche y en medio de un desconcierto total, actores y comunicadores estaban agolpados a las puertas del recinto cultural esperando que alguien les abriera la puerta.

Adentro, la gente de la Academia estaba ajena a semejante bestialidad.

En medio de la confusión, comenzó a reinar el caos.

La mayoría de los actores y actrices que se encontraban en la calle eran estrellas de televisión –aunque era un evento de cine-, cosa que atrajo a numerosos curiosos. Sin las vallas que hay de por medio en cualquier alfombra roja y que también sirven como protección para personalidades e invitados especiales a un evento, las “estrellas” fueron rápidamente acorraladas.

Las actrices Adriana Fonseca y Dalilah Polanco se llevaron la peor parte al ser jaloneadas y manoseadas por la turba.

Las puertas seguían sin abrirse.

Aprovechando el caos, un grupo de vivales camuflados como “indigentes” se filtró entre la gente para robar carteras y bolsos.

Los maleantes rápidamente fueron descubiertos y se replegaron solo para contraatacar con piedras a las decenas de personas que trataban de entrar a la ceremonia de premiación.

La policía llegó con cierta rapidez, justo en el momento en que algunos reporteros se agarraban a golpes con los gorilas disfrazados de seguridad privada que por alguna estúpida razón no estaban dejando entrar ni salir a nadie del recinto de Bellas Artes.

Luego de forcejeos y golpes la seguridad contratada por los organizadores del evento tuvo que ceder ante la numerosa presión de los reporteros y porque la policía se alistaba para unirse al bando de los comunicadores.

Adentro, instantes después, la ceremonia daba inicio, como si nada hubiera pasado.

El saldo: dos actrices con crisis nerviosa luego de haber sido vejadas, algunos reporteros descalabrados y con varios moretones.

Afortunadamente la cosa no pasó a mayores porque, insistimos, muy poca gente estuvo enterada del evento y el público que se reunió a las afueras de Bellas Artes fue escaso.

Luego de esto, ¿alguien puede tomar en serio al cine mexicano?

OBSESIONES EN CORTO

Si usted ha seguido esta columna durante el último año, habrá podido darse cuenta que si existía algo que premiar en los Arieles era nada más y nada menos que a unos patos. *** La ópera prima de Fernando Eimcke “Temporada de Patos”, fue la gran triunfadora de la 47 entrega del Ariel al obtener 11 estatuillas —de las 12 nominaciones que tenía—, incluyendo la de Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actor y Mejor Actriz. Su más cercana competidora “Voces inocentes”, de Luis Mandoki, quien se mostró serio y sin aplaudir en prácticamente toda la ceremonia, sólo se llevó tres preseas de 10 que podía obtener, entre éstas, Coactuación Femenina para Ofelia Medina, Maquillaje y Efectos Especiales. La que también se fue por la libre, a pesar de sus nueve nominaciones fue la cinta de José Buil, “Manos libres”, que no obtuvo ningún premio. *** Dos pantallas y un fondo rojo vistieron el escenario del palacio de Bellas Artes para esta entrega del Ariel que dio sus estatuillas de oro al documentalista Julio Pliego, quien leyó un largo discurso en el que destacó la importancia del documental en el ámbito social y político. La otra presea dorada fue para la actriz Carmen Montejo por su trayectoria en el cine mexicano, en el que incursionó desde los 16 años de edad. *** Por otro lado, el Ariel para la Mejor Película Iberoamericana se lo llevó la cinta uruguaya “Whisky”, de Pablo Estoll y Juan Pablo Rebella. Los galardones para Mejor Actor y Actriz fueron para Enrique Arreola y Danny Perea, respectivamente, por “Temporada de patos”. *** Una de las sorpresas de la noche fue el Ariel para la Mejor Coactuación Masculina que recibió Carlos Cobos por Conejo en la Luna de Jorge Ramírez, pese a que la preferencia del público y al crítica se encontraban con Joaquín Cosío de la cinta “Matando cabos”, la segunda película más taquillera de 2004, nominada para cuatro Arieles sin llevarse ninguno. *** El rubro de Mejor Guión Original también fue para Fernando Eimcke por “Temporada de patos”, que se llevó la estatuilla en las categorías de Mejor Fotografía, Mejor edición, Mejor Música Compuesta para Cine, Mejor Sonido, Mejor Diseño de Arte, además del Ariel para Mejor Opera Prima. *** Para Mejor Guión Adaptado no hubo competencia y de manera directa se le entregó a María Elena Velasco e Iván Lipkies por “Huapango”. *** Entre las “celebridades” que llegaron a la ceremonia destacan Mariana Avila, Adriana Fonseca, Alexa Damián, Tony Dalton, el diseñador Héctor Terrones, Vanessa Bauche, Silvia Pasquel, Isaura Espinoza, entre otros. Hay más glamour y presencia de verdaderas “estrellas” en festivales como Expresión en Corto y el Morelia Film Fest que en los propios premios del cine mexicano. *** Y bueno, si la Academia de cine de un país no tiene control, mucho menos idea de cómo llevar a cabo su premiación, poco podemos esperar de esa y otra tanta gente que sigue usando a nuestro cine para llenarse los bolsillos sin aportar una sola idea, sin mover un solo dedo para levantar al cine mexicano de una “crisis” inexistente. Hay crisis porque no se quiere invertir, no se quiere apoyar proyectos atrevidos y diferentes y si en cambio a la misma gente de siempre. *** El triunfo avasallador de “Temporada de patos” es una bofetada con guante blanco para todos esos burócratas y vividores. Una historia honesta, fresca y propositiva, como muchas de las propuestas de jóvenes guionistas y realizadores mexicanos que están a la espera de una oportunidad.*** Mientras terminamos de tomarnos nuestro medicamento para la gastritis, les avisamos que este viernes 1 de abril comienza la XLV Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, la cual estará integrada por 17 películas que recorrerán 27 ciudades de la República Mexicana. Ese mismo día publicaremos la primera entrega con las películas que integran la Muestra de Primavera.*

Correspondencia con esta indignada columna:

codigocine@yahoo.com



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