lunes, 25 de abril de 2005

Intervención Divina



El valor de la mirada, una de las premisas del cine, está resaltado en esta película al punto de convertirse en el eje de su estructura, basada en hechos aislados, en situaciones encadenadas visualmente o por el sabio uso del sonido, utilizado éste como banda sonora concreta ya que los textos casi no existen y, si se escuchan, no aportan significación alguna.

Ubicar a Elia Suleiman bajo la influencia directa de Buster Keaton, algo que ha hecho gran parte de la crítica, es algo tan evidente como auspicioso.

El filme es una sucesión de agresiones mostradas desde el ridículo, lo cual nos transporta a un humor tan ácido como demoledor.

Desde el comienzo, cuando un “Papá Noel” (hombre vestido de santa claus) es asediado y herido por un grupo de niños y termina en el atrio de una iglesia y un buen señor saluda cortésmente desde su auto a vecinos que encuentra a su paso mientras por lo bajo los insulta, estamos instalados en un clima de rara hipocresía, que irá progresando tanto en la demostración de otros hechos, como en la imaginación de sus protagonistas.

Pero esta mirada es desde Palestina y son sus gentes las que son ferozmente satirizadas a partir de la nula solidaridad que tienen entre sí.

Más allá, ese enemigo que habita en Israel, será salvajemente tratado como tal, sin sutilezas. Los enamorados que encarnan el propio Suleiman y Manal Khader, y que habitan uno en cada lado, deberán conformarse con citarse en un estacionamiento cerca del puesto de control, sólo para tocarse las manos.



¿De qué trata Intervención divina?

Paradójicamente, parece difícil decirlo en pocas palabras, considerando que se trata de un filme eminentemente visual, casi mudo, organizado a la manera de una progresión y encadenamiento de gags sorprendentes.

Transcurre en Ramallah, en Jerusalén y en los checkpoints bajo control israelí que dividen a los dos bandos en pugna.

A ambos lados de ese límite claramente artificial, hecho de soldados, vehículos militares y alambres de púa, reina una violencia larvada, cotidiana, que se expresa de una manera absurda en las situaciones más triviales. Suleiman la encuentra tanto en su padre –ese septuagenario inclinado a la blasfemia, perseguido por sus deudas y siempre al borde del infarto– como en sus vecinos. Y a todos los mira con una curiosidad prístina, sin énfasis: un hombre que arroja sus residuos del otro lado de la medianera, otro que se ensaña con la pelota de fútbol de un muchacho, o un grupo que ataca a palos y tiros a un enemigo invisible, que no resulta ser otro que una culebra inofensiva.

Pero hay una violencia aún mayor en la prepotencia, la soberbia y la arbitrariedad que Suleiman, como director y protagonista de la película, descubre diariamente en la milicia israelí que custodia el paso de frontera entre dos sectores de una misma ciudad dividida.

Allí, en un estacionamiento al costado de la ruta, desafiando la separación que les impone la realidad, tienen lugar las citas del héroe con su mujer amada (los encuentros de las manos de ambos tienen una carga de erotismo que parecía olvidada en el cine).



“Intervención divina” ironiza en dos tiempos.

En una primera etapa, se ríe de los palestinos que habitan Ramallah, en una mezcla de comedia costumbrista y humor del absurdo: vecinos que viven y buscan hacerle la vida imposible al prójimo.

En la segunda, el blanco son los soldados israelíes que regentean severamente puestos de control.

Ahí aparece el personaje más misterioso y fascinante del relato: una agente palestina, suerte de James Bond femenino, para cuya caracterización Suleiman recurrió a una mujer muy especial.

Se llama Manal Khader y no es actriz sino periodista.

Este personaje enloquece a los militares de la ocupación; baja de un lujoso auto, impecablemente ataviada y, avanzando con implacable mirada de 007, transgrede la veda de acceso a Jerusalén en el puesto de control, arrasando con todo a su paso, ante la mirada azorada de los guardias.

En esa alucinante aparición de esta inefable mujer se advierte la intención del realizador: en lugar de denunciar dramáticamente las arbitrariedades de sus adversarios invasores les toma el pelo.



En este punto su delirante discurso se diferencia radicalmente del de los filmes empeñados en documentar el drama que vive la región.

En “Intervención divina” nada progresa, todo está condensado en pequeñas cosas como un hombre que repasa las cuentas que no cierran, otro que espera en una parada de autobús la forma de declarar su amor, un niño futbolista, dos ancianos que miran cómo alguien agrupa botellas vacías para defenderse mientras otros quieren reparar una calle.

Escenas en un hospital, las bolsas de basura que un vecino arroja en el jardín de otro, una turista perdida o una tremenda explosión son otros elementos que utiliza Suleiman para desarrollar un mundo ligeramente surrealista.

La síntesis audiovisual y el enorme poder expresivo de la imagen explotan en una par de secuencias antológicas: el globo con la cara maliciosa de Arafat traspasando el puesto de control y posándose en el templo, y los internos y personal del hospital fumando en los pasillos.

Más fuerte todavía es el efecto “Matrix” cuando la protagonista convertida en una guerrera ninja esquiva y repele las balas ascendiendo por los aires y coronándose con una aureola de balas.

Este filme tan bello como intenso, no se entrega nunca al discurso. Su lenguaje es el del permanente conflicto audiovisual y, en ese sentido, es como si retomara viejas pautas del mejor cine para desarrollarlas creativamente.

Su mirada escéptica y despojada nos muestra un mundo caótico y sin esperanzas, a punto de estallar como esa olla que cierra el filme. De este lado quedan las injurias, los retos y las guerras y esas manos de los amantes acariciándose al borde de la desesperación, cautivos de su negra poesía.

Nuestra Opinión: @@@1/2

Intervención Divina
(Intervention divine/Yaddon ilaheyya, Palestina-Francia-Marruecos-Alemania, 2002)
Dirección y guión: Elia Suleiman
Fotografía: Marc-André Batigne
Con: Elia Suleiman, Manal Khader, Jamel Daher, George Ibrahim, George Khleifi, Nazira Suleiman y Michel Piccoli
Duración: 92 minutos
Distribución en México: Zima Entertainment – Artecinema
Estreno: 29 abril (cambio de última hora al 20 de mayo)
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

Correspondencia con esta experimental columna:

codigocine@yahoo.com



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