lunes, 31 de octubre de 2005

La leyenda del Zorro



Es de las cosas que uno no entiende.

Si “La máscara del Zorro” fue un éxito a nivel mundial, recaudando más de 250 millones de billetes verdes, lo lógico era que hubieran trabajado en la secuela, casi de inmediato.

Pero no fue así. Se esperaron 7 largos años y terminaron por perder el “feeling”.

Para la secuela, nos quieren vender más o menos los mismos personajes, con algunos de los actores originales, dando como resultado de la fórmula algo que intenta ser la continuación del Zorro, pero de forma insípida.

“La Máscara del Zorro” fue una película francamente exquisita, donde el equilibrio entre el drama y la comedia estaban perfectamente logrados.

Anthony Hopkins le impregnó esa carga de dramatismo para hacerla creíble; la cruel historia del hombre cuya esposa había sido asesinada ante sus ojos y que vivió durante años miserablemente prisionero, era endulzada por una espléndida pareja: Antonio Banderas y la bella Catherine Zeta Jones.


© Columbia Pictures

La sed de venganza, el drama, la cruda realidad del viejo y sabio justiciero, hallaban balance con buenos y efectivos gags, una gracia y picardía nacida de la “inexperiencia” del nuevo Zorro y la sensualidad de una hija que vivía inocente e ignorante de la verdad.

“La Leyenda del Zorro” debía ser la continuación no sólo de esta historia, sino de su estilo narrativo, sin embargo, la historia adolece de un contrapeso que no haga caer a la leyenda del oscuro libertador, en una simple sorna.

Por desgracia, “La Leyenda del Zorro” se convierte en una cinta amena para los niños, pero irreal, exagerada y plagada de anacronismos para los adultos. A pesar de ser una película que se deja ver para pasar el rato, será considerada sólo como la sombra proyectada contra el brillo de su predecesora.

En cuanto al argumento, Alejandro de La Vega (Antonio Banderas) y su esposa, la sensual Elena (Catherine Zeta Jones), tienen conflictos maritales, producto de las ausencias del padre en casa por vestir siempre el traje de héroe. A raíz de ello, el matrimonio se resbala hasta los trámites del divorcio. Conflicto que no va con el perfil de los personajes que nos presentaron en la primera parte.

La soltería y los aparentes coqueteos de Elena, atraen a Armand (Rufus Sewell), un francés que cortejará a la recién separada; sin embargo, el europeo esconde algo más de lo que todos, menos el Zorro, parecen querer ver.

Como novedad, el hijo de Alejandro y Elena, el pequeño Joaquín, encarnado por un niño mexicano, Adrián Alonso (protagonista de la telenovela “Pablo y Andrea”), hace su aparición; sin embargo y por desgracia, el rol que se escribió para él, es una más de las exageraciones de la realización.

Joaquín hereda, o debiera decir, sobre hereda las cualidades aventureras, la astucia y el ingenio del padre, algo que para un niño de su edad, se ve ridículo.


© Columbia Pictures

Lo más curioso es que aquí “El Zorro” lucha por la integración de California en la Unión Americana.

No se sabe si por ignorancia o por un mínimo de delicadeza, el caso es que nunca se dice de quién se independizó California en 1848, cuando Estados Unidos firmó el Tratado de Guadalupe con México.

¿Era demasiado temerario convertir a De la Vega en enemigo de la causa mexicana?

Al público siempre se nos dijo que “El Zorro” tenía como enemigo jurado al gobernador. Bueno, pues ahora gracias a la ocurrencia de los guionistas, el de Banderas se presenta como brazo armado del candidato a gobernador por California, una vez que el estado haya sido anexado a la Unión.

¿Quién es entonces el enemigo?

Por puro cálculo, no es difícil llegar a la conclusión de que si el amigo son los futuros Estados Unidos, el enemigo deberá ser un extranjero loco que los amenace.


© Columbia Pictures

Como en esa época árabes y musulmanes estaban en otra cosa, qué mejor que recurrir a un odioso franchute.

Encarnado por el inglés Rufus Sewell, he aquí a Monsieur Armand, viñatero de acento extranjero que, a falta de aviones para estrellar contra algún edificio, cuenta con un superarma secreta de fabricación casera, la nitroglicerina, para empapar a los que hablan inglés. Basta sumarle un separatista sureño y los miembros de una secta símil masónica, para que este intento de archivillano haga de las suyas.

Si todo esto al menos fuera divertido y algo de la frescura de la primera película se hubiera mantenido, la cosa sería más llevadera, pero desgraciadamente nada de ello está presente en esta segunda parte.

Hay secuencias de acción espectaculares, es lo menos que se puede pedir de un director especializado en eso (“Golden Eye”, “Límite Vertical”), pero en el contexto de una cinta larga, con tantas fallas y tontas “libertades creativas” de los guionistas, no llegan a ser la tabla de salvación del filme.

Gran parte del staff y de los actores, son mexicanos, así como los escenarios y locaciones, pues la cinta que habla sobre el pueblo latino que lucha por integrarse a Estados Unidos, fue rodada íntegramente en San Luis Potosí.

Nuestra Opinión: @@1/2

La leyenda del Zorro
(The legend of Zorro, Estados Unidos 2005)
Director: Martin Campbell
Guión: Roberto Orci y Alex Kurtzman; basado en un argumento de Roberto Orci, Alex Kurtzman, Ted Elliott y Terry Rossio
Música: James Horner
Fotografía: Phil Meheux
Con: Antonio Banderas, Catherine Zeta-Jones, Rufus Sewell, Nick Chinlund, Adrián Alonso, Raúl Méndez, Pedro Armendáriz Jr., Gustavo Sánchez Parra, Giovanna Zacarías, Silverio Palacios
Duración: 129 minutos
Distribución en México: Columbia Pictures
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

Correspondencia con esta separatista columna:

codigocine@yahoo.com


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