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viernes, abril 29, 2005

Preparan la Tercera Edición del Morelia Film Fest

- Se convierte el Festival de Morelia en el principal escaparate para el cortometraje y documental mexicano
- Proyectarán los cortos ganadores del año pasado en Cannes
- Por afectar sus intereses, presidente municipal impide la construcción de un complejo de Cinépolis
- Continuará la saga de Star Wars ahora como serie de televisión



Luego del chasco que significó la edición número veinte del Festival de Cine en Guadalajara, el panorama de los festivales de cine en México se ha terminado de reconfigurar.

Hoy en día podemos hablar solo de 2 opciones que atañen directamente al cine mexicano.

La primera es Expresión en Corto, festival que ya está más lejos del bien y del mal. Este evento forma parte del selecto circuito de festivales de cortometraje en Iberoamérica.

Del otro lado, tenemos al Morelia Film Fest, convertido en evento clave para el presente y futuro del cine mexicano. Un festival que le brinda la oportunidad a los jóvenes cineastas de mostrar su trabajo. Un festival que no discrimina y que toma en cuenta a toda la gente de las diferentes escuelas de cine, a los trabajos financiados por instancias gubernamentales y desde luego, a las producciones independientes.

El Festival Internacional de Morelia en apenas 2 ediciones se ha convertido en plataforma esencial –algunos se atreven a opinar que la única con proyección masiva- para difundir lo que se está haciendo en México en materia de cortometraje y documental.

La existencia de este festival es esencial para aquellos que necesitan darse a conocer para luego aspirar a mostrarse al mundo en otro tipo de eventos como Sundance o los prestigiosos festivales de Berlín y Cannes.

Mientras en Guadalajara los cortometrajistas son tratados como si tuvieran la peste, en Morelia son acogidos con cariño y comprensión.

Y es que estamos hablando de las nuevas generaciones de cineastas mexicanos a quienes lo menos que se les debe hacer es despreciarlos, porque ello implica cortar de tajo con la renovación y crecimiento –que tanta falta le hace- del cine mexicano.

El anuncio de apertura de recepción de trabajos para la tercera edición del Morelia Film Fest es como un oasis en medio del desierto para los cortometrajistas que mueren de ansiedad por dar a conocer su trabajo.

El Morelia Film Fest es el único festival de cine en México que puede jactarse de tener llenas las salas del complejo de Cinépolis donde se realizan sus actividades desde la mañana hasta pasada la media noche y en días laborales. No hay necesidad de inflar cifras, incluso la dificultad de los representantes de medios de comunicación por tener una butaca o los letreros de “agotado” en las taquillas lo dice todo.

Ante la incapacidad del que se jactaba de ser el festival más importante de cine en México por darle una opción real de difusión y apoyo al cortometrajista, Morelia se ha puesto las pilas. No sólo ofrece capacitación y asesoría en diferentes talleres y cursos, también se ha preocupado por acercar a gente consagrada del cine internacional a los jóvenes directores por medio de encuentros, charlas y seminarios, donde los chavos y chavas que se inician en el séptimo arte pueden recibir de primera mano útiles consejos ys obre todo, tener acceso a la experiencia y “colmillo” que dan los años.

Las presencias de Werner Herzog, Barbet Shroeder, Manoel de Oliveira, Gus Van Sant y Fernando Vallejo, son un ejemplo. Incluso tanto Shroeder como Vallejo han quedado tan gratamente impresionados con la labor del festival, preocupado más por el lado didacta que por el glamour, que han regresado por su propia cuenta al evento.

Lo que más ha agradado a la gente de la industria es que el Festival Internacional de Cine en Morelia ha respondido con hechos y no se ha quedado en el clásico discurso de proyectos y planes de buena fe.

A partir de este año como parte de la colaboración que se viene haciendo entre este certamen mexicano y la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, se presentarán fuera de concurso los cortos y documentales ganadores del Festival de Morelia de 2004 durante el prestigioso festival francés.

Esto resulta de suma valía para el cine mexicano, porque los trabajos de cineastas mexicanos tendrán un escaparate de promoción y difusión. De esta manera se proyectarán en mayo durante el Festival de Cannes el documental “Trópico de Cáncer”, de Eugenio Polgovsky, y los cortos “De raíz”, de Carlos Carrera, y “El pasajero”, de Matías Meyer.

Para este año la expectativa de los organizadores es superar las cifra de más de 378 trabajos (280 cortometrajes y 78 documentales) inscritos durante el 2004.

Pero hay más.

Con el fin de promover y estimular las actividades culturales y cinematográficas de Michoacán, el Festival de Morelia convoca a su Segundo Concurso Michoacano de Guión de Cortometraje 2005. Los guiones se recibirán hasta el 29 de julio.

Además de las secciones competitivas de cortometraje y documental, también los realizadores y productores han encontrado un espacio ideal para mostrar las cintas mexicanas que se exhibirán a finales de año y/o principios del siguiente y que por cuestiones de mercadotecnia –tal vez por temor a ser rechazados por la mafia organizada tapatía- o simplemente por ansiedad, no quieren esperarse a exhibirlas en Guadalajara.

Otro plato fuerte del Morelia Film Fest es la exhibición de una selección de cintas participantes en la Semana de la Crítica. En este caso, en octubre veremos algunas de las películas que participarán en esta sección de Cannes en mayo próximo.

También existe una suculenta selección de películas de las distribuidoras a estrenarse en los siguientes meses.

Todo lo anterior aderezado como decíamos por seminarios, conferencias, charlas, fiestas y la presencia de personalidades del cine mexicano e internacional qu están escribiendo la historia del cine.

Para mayor información sobre las bases y el reglamento de las convocatorias está disponible la página del festival: www.moreliafilmfest.com

Tome nota. La tercera edición del Morelia Film Fest se realizará del 8 al 16 de octubre.

INTERMEDIO

La clase política mexicana, integrada en su mayoría por gente “fina”, educada e interesada únicamente por defender los intereses del pueblo, sin importar el partido político al que pertenezcan –nótese el sarcasmo-, ha dado mucho de que hablar en estos últimos tiempos. De hecho, ha perdido toda credibilidad, si es que algún día la llegó a tener.

Y mientras los reflectores del mundo entero están puestos en la pelea de lodo entre un ranchero convertido en presidente y un pejelagarto procedente de los pantanos de Tabasco, hay gente que desde el poder, al más puro estilo de la película “La ley de Herodes” anda haciendo de las suyas sin que nadie les haga nada.

Ahora, la víctima de las arbitrariedades fue nada más y nada menos que Cinépolis, la principal cadena de cines en México.

Esta empresa dirigida por Alejandro Ramírez opera más de 1195 salas, teniendo presencia en 55 ciudades del país y en algunos países de Centroamérica, dando empleo a más de nueve mil personas.

Como lo comentábamos hace algunos meses en este espacio, el plan de desarrollo de Cinépolis para este 2005 contempla una inversión de 150 millones de dólares, lo que representa la puesta en operación de aproximadamente 100 nuevas salas.

Entre los planes de crecimiento de la empresa para este año se había considerado la ciudad de San Juan del Río, Querétaro., como la sede de uno más de sus modernos complejos, para lo cual se estableció una sociedad estratégica con Grupo Lumo., un inversionista serio con el que se llevaría a cabo la construcción del Centro Comercial “La Plaza de San Juan del Río”, que albergaría un complejo de exhibición de Cinépolis, integrado por 10 pantallas además de diversos locales comerciales.

El proyecto, que en principio habría de generar 500 plazas de trabajo temporal durante el proceso de construcción y 350 empleos permanentes con el centro comercial en operación, fue cancelado indefinidamente debido a la intervención de la Presidenta Municipal de San Juan del Río, la Lic Jacaranda López Salas quien no permitió la construcción de esta plaza.

El problemilla no es que la señora presidenta municipal esté en contra del progreso. Para nada. De hecho, está en contra de que afecten sus intereses familiares.

Al grito de “o te chingas o te jodes” (mejor conocido como la “ley de herodes”), dicha funcionaria puso mil trabas para la cancelación de este ambicioso proyecto porque da la casualidad que unos cines todos chamagosos, con sonido monoaural, fallas en la proyección y salas no muy cómodas que digamos, que actualmente se encuentran (medio) operando en la ciudad, son propiedad de la Sra. Eva Salas de López, madre de la Lic. López.

Dichos cines, el DLOP’S y Cinemas Sagitario, seguramente tienen pánico de enfrentarse a la libre competencia con Cinépolis porque saben que llevan las de perder.

De ahí que la presidenta municipal tomara la salomónica decisión de proteger el changarro familiar y como buena hija, impedir que le dieran literalmente “en la madre” a sus cinitos.

¿Se vale?

Claro que no.

Pero en México, señores, todo es posible y más si se trata de fastidiar el progreso del prójimo.

La gente de Cinépolis sabe que el que persevera alcanza. Ellos están a la espera de que concluya el mandato de dicha presidenta para que se encargue personalmente de cerrar sus cines, porque confían en que el próximo presidente municipal tenga un poquito de mayor visión y unas cuantas neuronas más, que le permitan ver a los inversionistas como socios comerciales que coadyuven al desarrollo y generación de empleos en la región, además de ofrecer salas de cine de primer mundo.

OBSESIONES EN CORTO

George Lucas dio adelantos sobre el futuro de “La guerra de las galaxias” tras el estreno de “Episodio III: La venganza del Sith”, el próximo 19 de mayo. Como tantas veces se especuló, el multimillonario director confirmó que la historia protagonizada por jedis, ewoks, wookies y soldados clonados continuará, pero ahora como serie de televisión. Lucas anunció que ya ha se ha comprometido a crear dos series para televisión, una de dibujos animados con entregas de media hora y otra con actores reales que estrenará el 2007. El rodaje del programa en vivo comenzará el año próximo. Sin embargo, el cineasta ha dicho que sólo participará al principio, tal vez en los primeros capítulos y luego se dedicará a otros proyectos. Lucas adelantó que además tiene interés de pasar las seis películas de la saga, incluyendo las tres originales protagonizadas por Mark Hamill y Harrison Ford, al formato 3D. Por lo que, señores, hay “Star wars” para rato. *** Mientras tanto, la preventa de boletos inicia el próximo 4 de mayo en los complejos de Cinépolis de todo el país así como en el resto de las cadenas como Cinemark, Cinemex, MM Cinemas entre otras. Solo recordando que Cinépolis es la única cadena en México que cuenta con certificación THX (otorgada por una de las empresas del propio George Lucas) en la mayoría de sus complejos. *** Personalidades de la comunidad actoral, artística e intelectual del País como Mónica Miguel, Aleks Syntek, Reyli Barba, Alfonso Cuarón, Vicente Leñero, Miguel Zacarías, Carmen Montejo e Ignacio López Tarso recibieron el martes un reconocimiento por sus aportaciones al acervo cultural mexicano. *** En una ceremonia de la cual poca gente se enteró, veintinueve autores recibieron la medalla Gran Orden de Honor Nacional al Mérito Autoral (GOHNMA), que fue instituida por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para incentivar a aquellos que han impulsado la creación artística y cultural de México. *** Roberto Cantoral, Aleks Syntek y Reyli Barba ganaron en la categoría “Música con y sin letra”. Sin embargo no pudieron asistir para recoger su premio. En la modalidad de "Cinematografía y Audiovisual" tuvieron el honor de subir al estrado: los cineastas Miguel Zacarías y Alfonso Cuarón (ambos presentes en el evento), el productor Raúl Araiza y la directora de escena Mónica Miguel.En “Programa de Radio y Televisión” recibieron la insignia López Tarso, Montejo y Mauricio Kleiff. Durante la ceremonia, efectuada en el Museo de Antropología, también se entregó un reconocimiento especial, a manera de homenaje, a cinco personalidades ya fallecidas: Consuelo Velázquez, Pedro Infante, Pepe Guízar, Agustín Lara y Fernando Serrano. *** Si el gobierno mexicano quiere hacer algo parecido a lo que hacen países como Francia, España o Inglaterra, necesita hacer que estos premios tengan un valor real, de peso y no que sirvan como mero pretexto para que los políticos, secretarios de estado y el propio Presidente de la Répública, se tomen la foto con los famosos.*** Acapulco nuevamente tendrfá un Festival Internacional de Cine. Esa es una excelente noticia proque luego de que nadie quiso apoyar una segunda edición del Festival Internacional de Cine de Mazatlán, el Pacífico Mexicano se había quedado sin festivales de cine. Quisieron hacer algo en Puerto Vallarta con el Festival de cine de las Américas, pero aún no saben los propios organizadores si es festival o muestra. Ni hablar del Festival Internacional de Cine de Puerto Vallarta el cual se nutre exclusivamente de las cintas que se exhibien en Guadalajara. *** Con la puesta en marcha del Festival Internacional de Cine de Acapulco, los organizadores pretenden atraer más turismo al Puerto, darle un poco del glamour cinematográfico que había perdido el lugar, atraer inversiones y de paso, hacer que público, prensa e invitados especiales disfruten de este paradisiaco sitio. El lunes 2 de mayo se darán a conocer los primeros detalles de este naciente festival, en los Estudios Churubusco.*

Correspondencia con esta galáctica columna:

codigocine@yahoo.com




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      miércoles, abril 27, 2005

      La casa de los cuchillos



      Cuando el cine se convierte en arte y exquisita belleza, el primer nombre que se nos ha de venir a la cabeza es el de Zhang Yimou, un director que ha llegado a unos extremos con sus dos últimas películas (“Hero” y la que aquí nos ocupa, “La casa de los cuchillos”) que prácticamente se convierte en un regalo para los sentidos el sentarse en una sala de cine y asistir a la apabullante hermosura de su historia, de su vestuario, ambientación, música, fotografía e incluso de sus protagonistas.

      La historia de “La casa de los cuchillos” es un poco la típica del género de “wuxiá” (espadachines) que tan de moda puso “El Tigre y Dragón”.

      Siglo IX, en China. La corrupción del gobierno provoca que surjan grupos rebeldes que luchan contra el poder establecido.

      Uno de estos grupos es “Las dagas voladoras”, cuyo líder fue asesinado por los soldados del gobierno, pero que se está reorganizando.

      A un cuartel de provincia llega el rumor de que en una casa de citas recién inaugurada hay una bailarina que podría estar implicada en este grupo, por lo que uno de los soldados es enviado a investigar.

      Ante el silencio de la chica, que es detenida, y aprovechando su ceguera, el jefe del acuartelamiento ordena al joven subordinado que había ido a la casa de citas que ayude a la sospechosa a escapar y se gane su confianza para que le dirija al lugar donde se esconden “Las dagas voladoras”.

      A pesar de las advertencias de su superior, el apuesto e impulsivo soldado se va implicando cada vez más en la lucha de la chica...



      Los conceptos de amor, odio, pasión y venganza, elementos tan propios del cine oriental ­se trate de John Woo, Park Chan Wook, Wong Kar Wai o cualquier otro- sepultan a los personajes en un torbellino emocional de gran dramatismo, ya que la trama gira, fundamentalmente, en torno a tres protagonistas centrales que se ocultan secretos entre sí, abocados a un terrible desenlace, trágico e inevitable.

      Tan sólo las escenas de acción ­-bastante abundantes- cortan en seco los momentos, más o menos tensos, de interacción personal entre el trío antagonista.

      Pero todos están supeditados a una causa mayor, no son sino títeres al servicio de un Gran Hermano vigilante ­el Estado mismo o las Dagas Voladoras, según el caso, que ya existía en el siglo IX igual que existe y trata de controlarnos en la actualidad.

      La labor de dirección y en todos los aspectos técnicos está extraordinariamente cuidada.

      Zhang Yimou es, sin lugar a dudas, el referente mundial del cine chino.

      Si ya lo era hace unos años, con sus primeras películas, más aún en la actualidad, una vez que ha popularizado en cierta medida su cine.



      Los más puristas puede que digan que se ha “vendido”. Yo creo que no está mal este cambio: el hombre cumple su deseo de hacer películas como las que veía en su juventud y el público agradece el toque de calidad en un género que cada vez atrae a más gente.

      Y es que tan sólo de un director como Zhang Yimou puede surgir una escena tan bella y compleja como la del baile del inicio, planteándole un reto a la danzarina protagonista.

      Impresionantes son también la fotografía (digna candidata a los Oscar), la ambientación en todo lo relativo a vestuario y decorados, además de la música. Capítulo aparte merece también las locaciones, con un bellísimo paisaje ucraniano pasando por chino, que se convierte en un elemento indispensable de la película.

      Resulta imposible no hablar de su trío protagonista.

      A Zhang Ziyi la conocemos prácticamente todo el mundo, por lo que sería reiterativo alabar su increíble belleza, acompañada de grandes dotes para la danza, la lucha y la interpretación.

      Menos popular resulta su compañero de aventuras, Takeshi Kaneshiro, una estrella del pop japonés y actor de éxito en su país, que está como para hacerle un monumento y ponerlo en la puerta de la Gran Muralla china. El tercero en discordia es Andy Lau, uno de los grandes del cine en Hong Kong.



      No parece estar mal escogido el reparto: tres “megaestrellas”, una japonesa, una hongkonesa y una china con proyección internacional, que aseguran a la película una amplia penetración en el mercado asiático y en el resto del mundo.

      Ahora bien, ni un solo pero a esta elección, porque cada uno de ellos ha conseguido dotar a sus personajes de los rasgos justos y adecuados.

      Y todo ello en el incomparable marco visual de los parajes de la China medieval, que para este caso se han localizado en una Ucrania cromáticamente fascinante.

      El trabajo del director de fotografía Zhao Xiaodiang es impresionante, y los colores primarios alcanzan una intensidad que va más allá de lo visto con anterioridad en la misma “Hero” o en “El Tigre y dragón”, otro ejemplo de la mirada atrás que están llevando a cabo los directores más consagrados.

      Desde luego que estamos ante una película muy recomendable: para los que les guste el género de las artes marciales, pero también, y casi diría que en mayor medida, para los amantes del cine o, simplemente, para quiénes deseen ver una película bella en todos los posibles sentidos.

      Nuestra Opinión: @@@@

      La casa de los cuchillos
      (House of flying daggers, China 2004)
      Director: Zhang Yimou
      Guión: Li Feng, Zhang Yimou, Wang Bin
      Música: Shigeru Umebayashi
      Fotografía: Zhao Xiaoding
      Con: Takeshi Kaneshiro, Andy Lau Tak Wah, Zhang Ziyi, Song Dandan
      Duración: 119 minutos
      Distribución en México: Artecinema
      Estreno: 29 abril
      Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

      Correspondencia con esta épica columna:

      codigocine@yahoo.com



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          lunes, abril 25, 2005

          Intervención Divina



          El valor de la mirada, una de las premisas del cine, está resaltado en esta película al punto de convertirse en el eje de su estructura, basada en hechos aislados, en situaciones encadenadas visualmente o por el sabio uso del sonido, utilizado éste como banda sonora concreta ya que los textos casi no existen y, si se escuchan, no aportan significación alguna.

          Ubicar a Elia Suleiman bajo la influencia directa de Buster Keaton, algo que ha hecho gran parte de la crítica, es algo tan evidente como auspicioso.

          El filme es una sucesión de agresiones mostradas desde el ridículo, lo cual nos transporta a un humor tan ácido como demoledor.

          Desde el comienzo, cuando un “Papá Noel” (hombre vestido de santa claus) es asediado y herido por un grupo de niños y termina en el atrio de una iglesia y un buen señor saluda cortésmente desde su auto a vecinos que encuentra a su paso mientras por lo bajo los insulta, estamos instalados en un clima de rara hipocresía, que irá progresando tanto en la demostración de otros hechos, como en la imaginación de sus protagonistas.

          Pero esta mirada es desde Palestina y son sus gentes las que son ferozmente satirizadas a partir de la nula solidaridad que tienen entre sí.

          Más allá, ese enemigo que habita en Israel, será salvajemente tratado como tal, sin sutilezas. Los enamorados que encarnan el propio Suleiman y Manal Khader, y que habitan uno en cada lado, deberán conformarse con citarse en un estacionamiento cerca del puesto de control, sólo para tocarse las manos.



          ¿De qué trata Intervención divina?

          Paradójicamente, parece difícil decirlo en pocas palabras, considerando que se trata de un filme eminentemente visual, casi mudo, organizado a la manera de una progresión y encadenamiento de gags sorprendentes.

          Transcurre en Ramallah, en Jerusalén y en los checkpoints bajo control israelí que dividen a los dos bandos en pugna.

          A ambos lados de ese límite claramente artificial, hecho de soldados, vehículos militares y alambres de púa, reina una violencia larvada, cotidiana, que se expresa de una manera absurda en las situaciones más triviales. Suleiman la encuentra tanto en su padre –ese septuagenario inclinado a la blasfemia, perseguido por sus deudas y siempre al borde del infarto– como en sus vecinos. Y a todos los mira con una curiosidad prístina, sin énfasis: un hombre que arroja sus residuos del otro lado de la medianera, otro que se ensaña con la pelota de fútbol de un muchacho, o un grupo que ataca a palos y tiros a un enemigo invisible, que no resulta ser otro que una culebra inofensiva.

          Pero hay una violencia aún mayor en la prepotencia, la soberbia y la arbitrariedad que Suleiman, como director y protagonista de la película, descubre diariamente en la milicia israelí que custodia el paso de frontera entre dos sectores de una misma ciudad dividida.

          Allí, en un estacionamiento al costado de la ruta, desafiando la separación que les impone la realidad, tienen lugar las citas del héroe con su mujer amada (los encuentros de las manos de ambos tienen una carga de erotismo que parecía olvidada en el cine).



          “Intervención divina” ironiza en dos tiempos.

          En una primera etapa, se ríe de los palestinos que habitan Ramallah, en una mezcla de comedia costumbrista y humor del absurdo: vecinos que viven y buscan hacerle la vida imposible al prójimo.

          En la segunda, el blanco son los soldados israelíes que regentean severamente puestos de control.

          Ahí aparece el personaje más misterioso y fascinante del relato: una agente palestina, suerte de James Bond femenino, para cuya caracterización Suleiman recurrió a una mujer muy especial.

          Se llama Manal Khader y no es actriz sino periodista.

          Este personaje enloquece a los militares de la ocupación; baja de un lujoso auto, impecablemente ataviada y, avanzando con implacable mirada de 007, transgrede la veda de acceso a Jerusalén en el puesto de control, arrasando con todo a su paso, ante la mirada azorada de los guardias.

          En esa alucinante aparición de esta inefable mujer se advierte la intención del realizador: en lugar de denunciar dramáticamente las arbitrariedades de sus adversarios invasores les toma el pelo.



          En este punto su delirante discurso se diferencia radicalmente del de los filmes empeñados en documentar el drama que vive la región.

          En “Intervención divina” nada progresa, todo está condensado en pequeñas cosas como un hombre que repasa las cuentas que no cierran, otro que espera en una parada de autobús la forma de declarar su amor, un niño futbolista, dos ancianos que miran cómo alguien agrupa botellas vacías para defenderse mientras otros quieren reparar una calle.

          Escenas en un hospital, las bolsas de basura que un vecino arroja en el jardín de otro, una turista perdida o una tremenda explosión son otros elementos que utiliza Suleiman para desarrollar un mundo ligeramente surrealista.

          La síntesis audiovisual y el enorme poder expresivo de la imagen explotan en una par de secuencias antológicas: el globo con la cara maliciosa de Arafat traspasando el puesto de control y posándose en el templo, y los internos y personal del hospital fumando en los pasillos.

          Más fuerte todavía es el efecto “Matrix” cuando la protagonista convertida en una guerrera ninja esquiva y repele las balas ascendiendo por los aires y coronándose con una aureola de balas.

          Este filme tan bello como intenso, no se entrega nunca al discurso. Su lenguaje es el del permanente conflicto audiovisual y, en ese sentido, es como si retomara viejas pautas del mejor cine para desarrollarlas creativamente.

          Su mirada escéptica y despojada nos muestra un mundo caótico y sin esperanzas, a punto de estallar como esa olla que cierra el filme. De este lado quedan las injurias, los retos y las guerras y esas manos de los amantes acariciándose al borde de la desesperación, cautivos de su negra poesía.

          Nuestra Opinión: @@@1/2

          Intervención Divina
          (Intervention divine/Yaddon ilaheyya, Palestina-Francia-Marruecos-Alemania, 2002)
          Dirección y guión: Elia Suleiman
          Fotografía: Marc-André Batigne
          Con: Elia Suleiman, Manal Khader, Jamel Daher, George Ibrahim, George Khleifi, Nazira Suleiman y Michel Piccoli
          Duración: 92 minutos
          Distribución en México: Zima Entertainment – Artecinema
          Estreno: 29 abril (cambio de última hora al 20 de mayo)
          Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

          Correspondencia con esta experimental columna:

          codigocine@yahoo.com



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              viernes, abril 22, 2005

              El cine mexicano y su Club Eutanasia



              Basta poner un poco de atención a la trama de “Club Eutanasia” para encontrar una incómoda y triste analogía con el cine mexicano.

              En la cinta del debutante Agustín “Oso” Tapia, un grupo de ancianos –interpretados por viejas glorias del cine mexicano- son explotados en un asilo, terminan matándose entre sí.

              ¿Le suena conocido?

              Remember “el peso en taquilla”, por poner un ejemplo, donde so pretexto de que era una medida que afectaba sus finanzas, los exhibidores se sirvieron con la cuchara grande y aumentaron los precios de entrada al cine.

              La propuesta de descontar un peso por boleto comprado en los cines era con la finalidad de hacer un fondo que pudiera financiar la filmación de cine mexicano.

              Cuando la medida fue declarada nula por los amparos que exhibidores y distribuidores pusieron, nadie se acordó de volver a bajar los precios, de hecho, los incrementaron aún más.

              Mientras tanto, siguen explotando al cine mexicano y a su cada vez menos numeroso fiel público con comedias lights y fresas que las venden como si fueran la octava maravilla.

              “Club Eutanasia” es una emotiva y cruel historia que se desarrolla dentro de un asilo de ancianos, en donde una tragedia ha provocado que tanto los alimentos como las medicinas sean racionados entre los internos. Ante la inusitada situacion, un grupo de cuatro singulares representantes de la tercera edad se unen para aniquilar a sus compañeros, con tal de terminar con tan injusta vigilia.

              El filme marca el regreso al cine de figuras que han triunfado en el teatro y la televisión desde hace varias décadas y que por diferentes circunstancias llevaban mucho tiempo lejos de los sets.

              “Club Eutanasia” fue recibida con cierto escepticismo de la crítica durante el pasado Festival de Guadalajara. Sin embargo, el público le dio su justo lugar al concederle el premio de la audiencia.

              El día de la alfombra roja, en este caso “petate”, el evento hizo recordar el abandono y olvido que sufren los personajes en la cinta.

              Salvo Sylvia Pasquel (actriz de teatro y tv), Martha Higareda y Sergio Arau, ningún otro famoso hizo acto de presencia.

              Luego de lo ocurrido en el Festival de Guadalajara –donde hicieron olímpicamente de lado a las producciones nacionales- y los deslucidos Arieles, parece ser que el cine mexicano ya no luce tan atractivo como antes.

              Si fuera un individuo de carne y hueso, probablemente lo hubieran botado desde hace un buen rato en el peor de los asilos.

              Platicando con el director, la analogía de su cinta con el cine mexicano se vuelve aún más dramática.

              De acuerdo a Agustín Tapia, esta es una comedia negra, un thriller, en el que la risa lleva a la reflexión, y viceversa. La historia de los internos del asilo sirve como espejo, como metáfora de lo que es la vida del México actual, donde la supervivencia es lo que mueve a todas las personas.

              “Casi nadie habla por las personas mayores. Los ancianos y los adolescentes tienen la mala suerte de que su vida es decidida por los adultos. Aparte de divertir quise mostrar que las personas mayores están tan vivas como cualquiera. Los ancianos, viejitos, personas de la tercera edad o como se les quiera llamar, como abuelitos, están sujetos a los mismos deseos y pasiones que cualquier individuo. El corazón no envejece, el cuero es el que se arruga, como señala el dicho”.

              Para este novel director, el cine mexicano se encuentra en las mismas condiciones que el asilo de su película.

              “La industria del cine mexicano está agonizando desde hace muchos años; todos los que hacemos películas aquí las hacemos por nuestras pistolas y porque tenemos mucho valor, corazón y ganas, y somos necios. Afortunadamente existen instancias como Fidecine que, en la medida de sus posibilidades, ayudan a que surjan algunas cintas”.

              El “Oso” Tapia hizo hincapié en algo que hemos venido denunciando desde siempre en este espacio: la distribución de la taquilla para el cine no es la mejor, sobre todo con la disparidad que existe en las ganancias, ya que casi todo se lo dividen la distribuida y la cadena exhibidora.

              Con la distribución de los ingresos de las salas, si el productor gana poco dinero, es muy difícil
              que alguien invierta.

              “Ahora bien, la calidad del cine mexicano es buena en su manufactura, aunque debemos ser más exigentes en los contenidos y en los guiones. Hablo por mí: hago un cine para que lo vea la gente, no para ganar premios. Si llegan los reconocimientos, bienvenidos. Creo en el cine que lleva gente a las salas, no sólo por lo económico, sino porque creo en el cine como entretenimiento.”

              “Club Eutanasia” sin duda es una película de actores y de una comicidad complaciente en momentos, pero efectiva y se inserta en la tradición que desde el humor o el melodrama aborda la realidad de los adultos mayores, como ”Por si no te vuelvo a ver” , “Los años de Greta” o “La paloma de Marsella” .

              En la charla sostenida con el realizador, no pudimos dejar de indagar sobre lo que a primera vista hace llamativa la cinta: el reparto.

              El reparto se compuso de grandes actores que tienen un gran amor por el cine y por su trabajo.

              “Todos ellos tienen una personalidad definida, así como su estilo para actuar.

              Son personas que desde niños todos hemos visto en diferentes escenarios. Era como una especie de fiesta-homenaje, o juego donde yo quería que participaran todos ellos, y me hacía mucha gracia ver cómo podían funcionar, así que decidí llevarlo a la práctica”.

              Sin embargo, el elenco no estuvo completo, pues Tapia reconoció que hicieron falta algunos legendarios actores como Adalberto Martínez “Resortes” y Roberto Cobo “Calambres”, también conocido como “El Jaibo”, a quienes “desgraciadamente se los llevó la calaca, es decir, fallecieron en el proceso de que se levantaba la película”.

              El realizador confía en que “Club Eutanasia” sea invitada a festivales de cine internacionales.

              Su ilusión abarca también la presencia de su largometraje en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, en España, pues cree que podría causar impacto por su contenido.

              “Afortunadamente la película tiene mucho ángel, tiene un ‘boca a boca’ y eso a me da mucho gusto, porque esa fue la idea original desde que la estaba escribiendo”.

              Agustín Tapia, nos mencionó que actualmente se concentra en la redacción de dos guiones cinematográficos.

              “Espero filmar otra película pronto porque no me gustaría que se formara un bache. La gran maldición de los directores mexicanos es que filmamos cada cinco o seis años, entonces, yo espero tener continuidad en mi obra”.

              Mientras el cine mexicano es pisoteado, explotado, maltradado y ultrajado por gente sin escrúpulos, todavía hay gente que busca impedir a toda costa que le apliquen la eutanasia.

              Aunque claro, con la producción de bodrios como “La última noche”, la cual tienen el descaro de estrenarla con bombo y platillo, poco se puede hacer para seducir a un público cansado de que le vean la cara con comedias insulsas.

              La idea central del filme no es mala, pero el guión peca de ser inconsistente y la realización es un tanto floja, a pesar de tener por ahí algunas secuencias rescatables.Tapia, como la mayoría de los realizadores debutantes, quiere tratar muchas cosas a la vez en su película.

              De tal forma que tenemos un homenaje a comicos que han hecho historia en México, una dosis de thriller aderezado con mucho humor negro.El Oso Tapia promete como director. No se le perdona que haya desperdiciado a “Chabelo” (que aquí contrario a la costumbre aparece como adulto) y a Eduardo Manzano.

              “Club Eutanasia” es una comedia agradable que merece la pena verse solo por disfrutar las actuaciones de estos veteranos actores que dicho sea de paso, se divirtieron como enanos. El resultado salta a la vista.

              Distribuida por DeCine, “Club Eutanasia”, es una coproducción de Hartos Indios, el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine Mexicano (Fidecine) y AltaVista Films, se exhibirá en México a partir de este 22 de abril con 100 copias.

              Nuestra Opinión: @@1/2

              Club Eutanasia
              (México, 2004)
              Dirección y Guión: Agustín “Oso” Tapia
              Música: Leoncio Lara, Jaime Pavón
              Fotografía: Javier Morón
              Con: Lorenzo de Rodas, Rosita Quintana, Magda Guzmán, Héctor Gómez, Ofelia Medina, Xavier López ‘Chabelo’, Eduardo Manzano, Sergio Corona, Lupita Sandoval
              Duración: 100 minutos
              Distribución en México: DeCine
              Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

              Correspondencia con esta olvidada columna:

              codigocine@yahoo.com



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                  miércoles, abril 20, 2005

                  La intérprete



                  Resulta inevitable mencionarlo: “La intérprete” es la primera película que se filma en la sede de la ONU.

                  No es casualidad.

                  Para ello han hecho falta la decidida voluntad del director, Sidney Pollack, el talante conciliador del secretario general de la ONU, Kofi Annan, y el desprestigio y el acoso a que se ha visto sometida esta institución internacional por parte de ciertos sectores conservadores estadounidenses y sus seguidores en Europa a propósito de la guerra en Iraq.

                  No es que los ciudadanos hayamos aprendido mucho del funcionamiento de la antigua Sociedad de Naciones, pero por lo menos la hemos visto por dentro integrada en una historia de ficción y no en las crónicas de un noticiero o en las reuniones del Consejo de Seguridad o la Asamblea General a propósito de algún asunto de relevancia internacional. Sus paredes, pasillos y cortinas siguen desprendiendo ese aroma a cambio y sueños de los sesenta y setenta, quizá su época de mayor importancia, cuando el telón de acero ardía de odio por ambos lados.

                  La trama de “La intérprete” es sugerente y engancha desde el principio, arrancando con un brutal asesinato en un país africano para saltar a continuación al edificio de la ONU en la isla de Manhattan; es ahí donde se produce una conversación captada al azar.

                  Una intérprete que trabaja en este lugar, y a la que da vida Nicole Kidman, escucha por pura coincidencia un diálogo en el que alguien planea asesinar a un jefe de estado africano.



                  Ser testigo de un complot de ese tipo la convierte inmediatamente en el blanco de los asesinos, y lo más juicioso es acudir a las autoridades para pedir protección. Sin embargo, el agente federal que le asignan, interpretado por Sean Penn, no cree demasiado en sus palabras, e incluso llega a sospechar la posibilidad de que ella forme parte del plan.

                  Tras seis años sin dirigir, Sydney Pollack pone en pie una intriga en la que los protagonistas deben jugar al gato y al ratón, y al mismo tiempo tratar de evitar un incidente que podría provocar una grave crisis mundial.

                  El director demuestra su dominio a la hora de realizar una cinta de suspense policíaco, conoce muy bien los resortes que hay que utilizar para mantener el interés, y hace que la historia salte de un lugar a otro con habilidad; también salpica el conjunto con los oportunos momentos de acción trepidante y espectacularidad.

                  Hay secuencias filmadas con brillantez, como la que se desarrolla en un autobús con un terrorista que lleva una bomba, o los intensos y reflexivos últimos 15 minutos de la cinta.

                  Pero a Pollack también le interesan otras cosas, principalmente lo que ocurre en el interior de los personajes, y es ahí donde topa con un arma de doble filo, ya que por un lado consigue profundizar en esas personalidades de un modo que no es usual en el cine de acción llegado de Hollywood, con diálogos muy cuidados y escenas que aportan bastante a la definición y las motivaciones de los protagonistas, dándoles esa consistencia y solidez que siempre es de agradecer; pero por otro lado, esas mismas secuencias llegan a ser un lastre para el ritmo de la cinta, con bruscos acelerones en los momentos de mayor tensión y demasiada relajación en los tiempos muertos.



                  Y lo que sí es un tópico es el personaje de Sean Penn, ya visto en infinidad de películas: un agente de la ley venido a menos, con un trabajo que debe realizar a desgana mientras trata de recuperarse de sus propios demonios -en este caso el drama interior es la muerte reciente de su esposa-. Es el clásico héroe con cara de amargado, obligado a desempeñar una tarea que -aunque él no lo sepa- al final le servirá para curar sus propias heridas.

                  Respecto a Nicole Kidman, que encarna el papel de “chica metida en líos” con su eficiencia habitual, esta es la tercera vez que coincide con Pollack; lo hicieron como actores bajo la dirección de Stanley Kubrick en “Eyes Wide Shut”; luego el cineasta fue el productor de “Cold Mountain” y ahora la dirige en esta cinta en la que el propio director se reserva un papel, como el superior de Sean Penn en el FBI.

                  No es la primera vez que el director se deja ver como actor en una cinta; no olvidemos que, antes que cineasta, Pollack inicia su carrera profesional debutando como intérprete en Broadway, y su intervención en diversas películas no es ninguna broma o capricho.

                  Algunos de los directores más renombrados han contado con su faceta como actor, ya sea Robert Altman en “The Player”, Woody Allen en “Husbands and Wives” y el propio Kubrick en su última película antes de morir.

                  La película no es del todo perfecta. Existen por ahí algunos errores que saltan fácilmente a la vista.



                  Por ejemplo, en una de las escenas más importantes, al personaje de Nicole Kidman le estalla un autobús prácticamente en la cara y sólo le hace unos leves raspones.

                  Otro detalle que no convence del todo es haberse inventado países e idiomas por exigencias del guión y sobre todo, para ser políticamente correctos y no aludir directamente a nadie, so riesgo de haber sido expulsados de la ONU con todo y cámaras.

                  Pero tal vez la falla más notable, con todo y sus buenas actuaciones, está en el casting.

                  Simple y sencillamente no hay química entre Nicole y Sean Penn, aunque insistimos, el solo verlos juntos en pantalla es morboso. Paradojas de la vida.

                  “La intérprete” es un thriller político que logra entretener, aunque no sea uno de los mejores trabajos de Pollack.

                  Nuestra Opinión: @@1/2

                  La intérprete
                  (The Interpreter, Estados Unidos-Reino Unido 2005)
                  Director: Sydney Pollack
                  Guión: Charles Randolph, Scott Frank y Steven Zaillian, basado en una historia de Martin Stellman y Brian Ward
                  Música: James Newton Howard
                  Fotografía: Craig Haagensen
                  Con: Nicole Kidman, Sean Penn, Catherine Keener, Jesper Christensen, Yvan Attal, Earl Cameron, George Harris, Michael Wright
                  Duración: 128 minutos
                  Distribución en México: UIP
                  Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

                  Correspondencia con esta intrigante columna:

                  codigocine@yahoo.com



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                      lunes, abril 11, 2005

                      XLV Muestra Internacional de Cine II

                      La Muestra en su edición de primavera reporta un cambio de última hora.



                      Por razones ajenas a la Cineteca Nacional, sale de la programación la cinta “Luna de Avellaneda” y en su lugar entra al quite la más reciente cinta de Carlos Sorín: “El perro”.

                      La edición 45 de la Muestra recorrerá al menos 27 ciudades del interior del país.

                      Muchas de esas películas a pesar de tener una distribuidora grande como Fox, Videocine o Artecinema, solo cuentan de dos a 10 copias para su exhibición en México, por lo que en algunas ciudades el público sólo podrá ver esas cintas en la Muestra Internacional de Cine.

                      Los dejamos con la segunda parte del recuento de las cintas de esta XLV Muestra Internacional de cine.

                      No tienen pretexto para evitar darse un atascón de buen cine.

                      ¡Provecho!

                      - El perro
                      (Argentina, 2004)
                      Director: Carlos Sorín
                      Guión: Santiago Calori, Salvador Roselli y Carlos Sorín, sobre una idea original de Carlos Sorín
                      Fotografía: Hugo Colace
                      Música: Nicolás Sorín
                      Duración; 97 minutos
                      Distribución en México: 20th Century Fox



                      En “El perro”, Sorín apuesta nuevamente, como en “Historias mínimas”, a esa seducción que parte de sus criaturas y abarca un micromundo cotidiano en el que juega con los detalles, con las miradas, con los gestos y con las palabras que, para sus tramas, son apenas resúmenes de frases imbricadas en la soledad de sus personajes.

                      Para este realizador, lo importante es lo gestual y no lo textual, lo íntimo de sus personajes y no lo intelectualizado de sus prolijos y tiernos guiones, la riqueza de sus entramados y no lo vano de una filosofía que prefiere convertir en vivencias y desenmascararla con sutileza y clamor hondo de bondad y de amor.

                      Si hubiera que definir de alguna manera esta obra, podría decirse que es, simplemente, una fábula de instintos y de amistades que gira en torno de Juan, un cincuentón que trabajó durante veinte años en una estación de servicio de una solitaria ruta patagónica, y de pronto es despedido de su empleo.

                      El progreso dicta leyes despiadadas, y ese lugar, comprado por nuevos dueños, será reformado y todo su antiguo personal deberá ser reemplazado por quienes posean juventud y nuevas miradas.

                      Juan, siempre silencioso, permanentemente con una semisonrisa en su curtido rostro de hombre acostumbrado a los vientos sureños, deberá sobrevivir alejado de su labor repetitiva. Para ello se apoya en una vieja afición: fabricar cuchillos con mangos artesanales y venderlos a quien se le ponga en su camino.

                      Pero nadie compra sus cuchillos, nadie comprende su invalidez de individuo inmerso en su íntima tristeza. Así va entendiendo que fue descartado del mundo, que su existencia es trágica y, casi sin saberlo, igual a la de muchos de esos argentinos a los que la edad y la marginación les cortaron las manos y les hundieron sus ilusiones.

                      Cuando la esposa de un estanciero muerto lo cita para reparar un viejo vehículo, Juan cree ver una luz de esperanza en su necesidad de trabajar. Pero el pago por esta labor no es dinero sino un perro enorme que la mujer le entrega con cierto recelo, ya que ese dogo, dice, es un estupendo ejemplar reproductor.

                      ¿Qué puede hacer Juan con Bombón?

                      Así se llama ese animal tan callado como él, que no entiende de razas ni de exposiciones.

                      Entre el hombre y el perro, sin embargo, se establece una cordial relación que aumenta hasta una amistad entrañable que pone a ambos en situaciones dramáticas o risibles, pero siempre dispuestas a apostar a la más entrañable solidaridad.

                      El ir y venir de Juan y de Bombón por esas zonas desérticas, el encuentro con personajes tan taimados como disparatados y la necesidad del uno por el otro se reflejan en la historia con agudeza, emoción y enorme calidad estética.

                      El verdadero hallazgo de este film está, posiblemente, mucho más allá de la mera anécdota.

                      Está en las entrelíneas de la pintura de sus personajes, en sus miradas y en sus reacciones, en la soledad que a veces desean compartir y en otras aquietar para dejar aflorar sus minúsculos sueños, sus pobres fantasías.

                      Como en “Historias mínimas”, Sorín quiso que su elenco no estuviese integrado por actores profesionales.

                      Así aparece -con luz propia y rostro inconmovible- Juan Villegas, que aporta una enorme ternura a ese individuo que trata de recomponer su existencia de hombre sin trabajo. Lo rodea un elenco entrañable y, también, Gregorio, ese adorable perro que en el film fue rebautizado Bombón.

                      Hacía mucho tiempo que la cinematografía argentina no aparecía con un guión tan cuidadosamente elaborado, con un reparto tan notable y con unos rubros técnicos singularmente ajustados a la narración.

                      - El Secreto de Vera Drake
                      (Vera Drake, Gran Bretaña-Francia 2004)
                      Dirección y guión: Mike Leigh
                      Fotografía: Dick Pope
                      Música: Andrew Dickson
                      Con: Imelda Staunton, Phil Davis, Peter Wight, Alex Kelly, Daniel Mays
                      Duración: 126 minutos.
                      Distribución en México: Cine, Video y TV



                      Vera Drake es una feliz ama de casa de clase humilde en la Inglaterra de 1951, madre de dos hijos, de naturaleza alegre y desinteresada, altruista e ingenua. Tan abnegada que cuida a su madre, a sus hijos y a su marido.

                      Todo es normal en la vida de esta amable y generosa persona, exceptuando un detalle que desconoce hasta su propia familia: Vera practica abortos ilegales a jóvenes con problemas.

                      Este es el planteamiento argumental de la última obra del afamado director británico Mike Leigh, la cual ha conseguido gran número de premios (el primero de ellos, el disputado León de Oro en Venecia que arrebató a Mar adentro de Amenábar) hasta llegar a las nominaciones a los oscars a la dirección, guión e interpretación femenina, en una edición en la que los académicos han optado por apoyar a películas de temática controvertida (la eutanasia, el aborto).

                      El secreto de Vera Drake es una de las películas mejor valoradas por la crítica del 2005.

                      La cinta comienza sumergiéndonos de lleno en el devenir diario de la vida de la protagonista (esbozando en apenas unos pocos planos los rasgos de un personaje cargado de humanidad, inocencia, alegría y optimismo) y en su entorno, decididamente humilde aunque impregnado de cierta seguridad y del calor familiar.

                      Y es en esos primeros momentos cuando Leigh nos muestra, como parte del deambular cotidiano de la protagonista, la tarea a la que Vera Drake dedica secretamente parte de su tiempo, la realización de abortos a jóvenes con pocos medios.

                      Leigh, al igual que su protagonista, procura no enfatizar en la narración este hecho para redundar en la idea de normalidad que tiene en la vida de Vera.

                      La Vera Drake de la primera mitad del filme es un personaje lleno de vitalidad y entrega, que nunca pierde su sonrisa y que tararea cancioncillas sin cesar.

                      En sus encubiertas acciones abortivas muestra el mismo entusiasmo y optimismo que en sus otras actividades cotidianas y en su relación con los demás. Se trata de un personaje de un humanismo exacerbado que se plantea su tarea ayudando a chicas a abortar como un acto de fe y de bondad.

                      A lo largo de todo el filme Vera se empeña en repetir que “ayuda a jóvenes con problemas” y nunca pronuncia la palabra aborto.

                      No es al director al que corresponde juzgar el comportamiento de su protagonista; Leigh simplemente expone una situación (el drama de las jóvenes de clase obrera que se quedaban embarazadas en Gran Bretaña en los años 40 y 50) y es al respetable al que le corresponde la tarea de emitir un juicio moral.

                      A lo más que llega Leigh es a plantear el problema desde el punto de vista de la dialéctica de la lucha de clases: frente a todas las chicas que atiende Vera, la joven acomodada que se enfrenta al aborto solventa su problema de manera sencilla, cómoda y relativamente liviana.

                      De esta manera, retomamos el Leigh interesado en los problemas del núcleo familiar, de las relaciones interpersonales. El director vuelve a sus cuadros de familia y se adentra en las alegrías y tristezas de sus personajes, presentando un muestrario de personalidades fácilmente reconocibles para los seguidores del autor británico.

                      Mientras el espectador va construyendo este microcosmos social y emocional, Leigh nos va preparando, a través de la trama de la investigación policial, para el golpe de gracia: en mitad de una celebración familiar se desencadena el drama en toda su amplitud.

                      Es aquí donde comienza el calvario de la protagonista, y desaparece el tono amable del film para dar paso a la angustia y la devastación: en lo que queda de metraje no volveremos a ver a Vera sonreír.

                      A partir de entonces el director se centra en el drama de una familia asolada por la desgracia y la incomprensión.

                      Esta es la parte más sobrecogedora del filme, con momentos verdaderamente apabullantes (como la escena en que Vera se ve obligada a quitarse su anillo de casada), que vienen remarcados por la grandeza interpretativa de Imelda Staunton que pasa de la animosidad afable del principio al estado de shock permanente durante la segunda mitad, mostrando de una forma mucho más que convincente la desesperanza, terror y vergüenza que siente su personaje.

                      Se trata, por todo lo dicho, de una obra “mayor” (si no la mejor) dentro de la filmografía de Mike Leigh, en tanto que reúne gran parte de los recursos habituales del autor, hilvanados de una manera brillante para construir un discurso directo, sencillo y a la vez desgarrador: la cuidadísima puesta en escena, un montaje dinámico que hace avanzar la historia siempre desde varios puntos de vista, un guión preciso y escueto hasta la saciedad que apenas deja momentos de respiro y la mirada de su autor, humana y comprometida, que evita los juicios morales.

                      Sólo el último plano del filme resume toda la obra del director: una familia comiendo alrededor de una mesa, tras sufrir el peor golpe posible. Por encima del drama del aborto, de la diferencia de clases, de las penurias de la clase obrera británica, está el dolor de unos personajes que ven venirse abajo toda su vida en un instante.

                      - Glauber, laberinto de Brasil
                      (Glauber o Filme - Labirinto do Brasil, Brasil 2003)
                      Director: Silvio Tendler
                      Guión: Orlando Senna y Silvio Tendler
                      Fotografía: Fernando Duarte y Walter Carvalho
                      Música: Eduardo Camenietzki y Caíke Botkay
                      Testimonios: Glauber Rocha, Norma Bengell, Fernando Birri, Helena Ingnez, Arnaldo Jabor, Jards Macalé, Manduka, José Celso Martínez Correa, Nelson Motta, Nelson Pereira Dos Santos, Darcy Ribeiro, Joao Ubaldo Ribeiro
                      Duración: 98 minutos.
                      Distribución en México: Cineteca Nacional



                      Documental sobre la vida, obra y muerte del realizador Glauber Rocha, polémico cineasta bahiano que revolucionó el cine, promoviendo una revisión radical de la cultura brasileña.

                      El filme muestra desde imágenes de su funeral hasta testimonios de quienes lo rodearon; así, distintas personalidades dan su opinión sobre el pensamiento e ideas del realizador. El documental es un tributo a la memoria de un artista que revitalizó el cine independiente y contestatario.

                      “Glauber, laberinto de Brasil”, posee suficientes méritos que sobrepasan el mero discurso alabatorio y adulador.

                      Tendler es un racionalista clásico, preocupado por la comunicación básica de un documental en cuanto al espectáculo cinematográfico.

                      “Glauber, laberinto de Brasil”, por naturaleza es un documental tradicional, que avanza por bloques bien característicos y depende más de las cualidades intrínsecas de su narración y los materiales reunidos que dan el soporte a una estructura creativa.

                      El filme es una revisión sintética y relativamente superficial de la obra de Glauber Rocha, con un interesante apartado del making of del cortometraje “A Cruz na Praça” (1959), controvertido ejercicio de ficción con temática homosexual, realizado durante los inicios de su carrera.

                      El punto central destaca la actuación de Glauber como agitador cultural, así como la dimensión humana de su comportamiento.

                      Por otra parte, los secretos a voces, los rumores sobre sus manías peculiares, muchas veces negadas con comentarios evasivos de sus mismos familiares, llegan ahora a la luz del conocimiento público: Glauber consumía drogas, editaba sus filmes con poca ropa y hacía transgresiones de hábitos y costumbres como una vía para amalgamar el arte y la vida en un solo delirio.

                      - Las horas del día
                      (España 2003)
                      Dirección: Jaime Rosales
                      Guión: Jaime Rosales y Enric Rufas
                      Fotografía: Oscar Durán
                      Edición: Nino Martínez
                      Con: Alex Brendemühl, Ágata Roca, María Antonia Martínez, Pape Monsoriu, Vicente Romero, Irene Belza
                      Duración: 103 minutos
                      Distribución en México: Cinematográfica Macondo



                      Abel es un hombre común. Vive con su madre, tiene un pequeño negocio y una cariñosa novia. Sin duda es un tipo normal y simpático. Sin embargo, bajo su apariencia de hombre tranquilo y afable, se esconde un secreto perturbador que no tiene explicación ni sentido. Abel es una persona que disfruta matar ocasionalmente, sin ninguna razón aparente.

                      El español Jaime Rosales, en su primer filme, presenta a un asesino serial, pero no uno maquiavélico y perverso (como si trabajara dentro del género del thriller), sino un Abel que es mucho más que la encarnación del mal o el producto de algún trauma psicológico.

                      Este Abel (personaje irónicamente llamado como la más famosa de las víctimas de la Biblia) es como todos los demás barceloneses, tan sólo que, algunas veces, y sin demasiado motivo específico, asesina.

                      El tratamiento de Rosales se aleja totalmente del suspenso, lo que entregaría tan sólo el retrato de un serial killer aburrido con su vida, maltratado, con mala suerte y, sí, un poco perturbado, para preferir los tiempos dilatados, las cámaras casi fijas, los planos que trabajan más lo auditivo que lo visual, pero también, con gran maestría y dilación, la sorpresa.

                      Y si bien no siempre sale victorioso en el manejo de los tiempos lentos (el final está, quizás, un poco dilatado), logra transmitir la sensación de estancamiento y vacío que vive su personaje con una potente vividez.

                      “Las horas del día” es un filme visceral, doloroso, violento, pero no por lo que muestra o dice, sino por lo que evita o deja fuera del alcance cámara: la falta de motivos para los actos de crueldad de Abel, que van desde matar hasta arruinar la boda de su amigo o intentar no pagar la indemnización a su empleada, se basan en que la película construye una realidad carente de sentido, sin objetivo, ni nada demasiado atractivo que ofrecer a quienes la viven.

                      El trabajo sobre la imagen es bastante elaborado, y desde una estética realista y de corte estático, con una ausencia casi total de música, se trabaja esta misma idea de quietud.

                      Éste es un tipo de cine difícil de ver para quien no está acostumbrado a los tiempos dilatados, por lo que pide un nivel de reflexión del espectador, acorde con la propuesta de Rosales de, sencillamente, no explicar nada.

                      Los logros y el valor de “Las horas del día” sobresalen, más que nada, gracias a las impávidas actuaciones, siempre contenidas y totalmente armónicas a la propuesta integral del filme (siendo especialmente valiosa la interpretación de Ágata Roca como Tere, la novia de Abel), y debido al manejo del ritmo cinematográfico que Rosales posee, donde la lentitud y el vacío dicen mucho más que la extravagancia narrativa y el despliegue de virtuosismos técnicos.

                      - Pinceladas de fuego
                      (Chi-hwa-seon, Corea del Sur 2002)
                      Dirección: Im Kwon-Taek
                      Guión: Kim Yong-Oak e Im Kwon-Taek, sobre un argumento de Min Byung-Sam
                      Fotografía: Jung Il-Sung
                      Música: Kim Young-Dong
                      Con: Choi Min-Sik, Yoo Ho-Jung, Ahn Sung-Ki, Kim Yeo-Jin, Son Yae-Jin, Han Myung-Goo
                      Duración: 117 minutos
                      Distribución en México: Quality- Videocine



                      La vida del pintor “Ohwon” Jang Seung Up (Min-Sik Choi), nacido en 1843 y fallecido en 1897. Su existencia se desarrolla en un periodo clave de la historia de Corea, cuando agoniza la dinastía Chosun, que ocupó el poder por cinco siglos y cuya cultura inspiró a varios países vecinos, como Japón.

                      Fue un tiempo de movimientos sociales y transformaciones, también en el terreno del arte, que dejó de ser un privilegio de la nobleza y se renovó gracias a los nuevos pintores plebeyos, como Seung Up.

                      De enorme riqueza visual, la película presenta las angustias de la creación artística, los reveses de la fortuna y las aventuras sentimentales de un genio paradójico, cuyas trazas se pierden al final del siglo. La pobreza de documentos fidedignos permite al director recrear el personaje e insertarlo en los acontecimientos de la época.

                      Esta es una película muy divertida, fluida, rapidísima, con imágenes de gran belleza. Su límite es el de buena parte de la cinematografía coreana actual y también el del protagonista, un artista de gran talento que no quería quedar fuera de la tradición ni dejar de ser comprendido por el público.

                      - Ni muy, muy… ni tan, tan… Simplemente “Tin Tan”
                      (México 2000-2005)
                      Director: Manuel Márquez
                      Guión: Juan Santiago Huerta
                      Fotografía: Diego Arizmendi
                      Música: “Roco” (La Maldita Vecindad)
                      Narrador: Rodolfo Serralde
                      Entrevistas: Jorge Ayala Blanco, Rafael Aviña, Froylán López Narváez, Jacobo Zabludovsky, Carlos Monsiváis, Tomás Mojarro, Armando Ramírez, Manuel “El Loco” Valdés, Yolanda Montes “Tongolele”, Rosalía Julián (viuda de Valdés), Edmundo Miller, Marcela Chávez, Carlos Valdés Julián, Alfonso Arnold, Antonio “El Ratón” Valdés, Germán Francisco Valdés, Cristóbal Valdés, Alfonso Arau, Fanny Kauffman “Vitola”, Wolf Ruvinskis, Roco, Pato, Jaime López, Café Tacuba, El Gran Silencio, Inspector, Mexica Crew, Panteón Rococo, Fabulosos Cadillacs, Botellita de Jeréz, Control Machete, Roger Hernández, Roy Galván
                      Duración: 90 minutos
                      Distribución en México: Alfhaville Cinema



                      Es el primer documental que hace un seguimiento riguroso a la compleja trayectoria de este versátil artista.

                      Más de 31 entrevistas realizadas a familiares, compañeros, amigos y estudiosos de Tin Tan testimonian este largometraje, amalgamando los aspectos analíticos, anecdóticos, biográficos y estéticos de la vida y obra de Tin Tan, con imágenes inéditas tomadas por Germán Valdés, sus mejores canciones, la reedición de su primer trabajo en celuloide un cortometraje inédito (El que la traga la paga) y 113 clips de 106 películas del Pachuco de Oro.

                      Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo – Germán Valdés Tin Tan, desarrolló una carrera Cinematográfica que duraría 30 años, dejando su huella en 106 películas, aportando un legado artístico a las generaciones posteriores de artistas.

                      Una cinta obligada para los fans de este inolvidable cómico del cine mexicano.

                      - Acto sin perdón
                      (The Woodsman, Estados Unidos 2004)
                      Director: Nicole Kassell
                      Guión: Nicole Kassell y Steven Fechter, basado en la obra teatral de este último
                      Fotografía: Xavier Pérez Grobet
                      Música: Nathan Larson
                      Con: Kevin Bacon, Kyra Sedgwick, Mos Def, Benjamin Bratt, David Alan Grier , Eve, Kevin Rice
                      Duración: 87 minutos
                      Distribución en Mexico: Artecinema



                      Esta película de la debutante Nicole Kassell es sorprendente simplemente por colocar a un pedófilo confeso como protagonista de un drama que no es una película de horror o un thriller sobrenatural, sino una historia humanista en la que el personaje central es un hombre agradable, interpretado por Kevin Bacon.

                      El planteamiento es sin embargo ambigüo, al sugerir una posible redención por vías por lo menos discutibles, y que van en contra de lo planteado por la cinta en un inicio.

                      Como ya es habitual, Bacon nos brinda una actuación extremadamente inteligente como Walter, en libertad condicional después de purgar una condena carcelaria de 12 años por su acoso a niñas menores de edad.

                      La apostura natural de Bacon se complementa con una imagen moderna, ropa limpia y un buen corte de pelo. El personaje no es un demente pervertido envuelto en una sucia gabardina, sino alguien al que cualquiera le gustaría tener como vecino.

                      Walter consigue trabajo en una maderería, lo más cercano a su antigua profesión de carpintero. Todo lo que el protagonista desea hacer es mantener un perfil bajo, no meterse en líos y decirle las cosas correctas a su terapeuta, cuyas preguntas brindan al espectador una ventana a los pensamientos más profundos del personaje.

                      Lo inverosímil llega cuando Walter alquila un departamento con vista al patio de juegos de un jardín de niños.

                      ¿En realidad se le permitiría a un pedófilo en libertad condicional vivir en ese lugar?

                      Sería tan probable como un ex asaltante de bancos habitando el piso superior de una gran sucursal nacional.

                      El recurso, sin embargo, nos lleva a otro giro de la historia, cuando Walter observa e identifica a otro pedófilo rondando las rejas de entrada de la escuela mientras le habla a los niños. Walter reconoce de inmediato sus propios patrones de seducción, y cuando los alumnos empiezan a ser atacados, la culpa recae en el propio protagonista. La policía lo detiene y lo interroga con un brutal maltrato, lo que provoca que su pasado quede al descubierto en su trabajo.

                      Por si fuera poco, la recién iniciada y todavía insegura relación de Walter con su colega Vickie (Kyra Sedgwick) parece no llegar a ningún lado. Gradualmente, ante tantas adversidades, Walter se desliza por la pendiente de sus errores pasados, y empieza a asechar nuevamente a las niñas.

                      Esas últimas escenas resultan extremadamente inquietantes, al colocarnos dentro de la mente de un pedófilo sin comprender del todo ni sus motivos ni sus compulsiones.

                      Walter vaga sin rumbo por toda la ciudad, a bordo de autobuses y en centros comerciales, mostrando su insidiosa sonrisilla de perrito sin dueño en cuanta chiquilla se encuentra, y, mediante sus bien ensayados y probados recursos, forzándolas a mirarlo a su vez.

                      Sentimos un escalofrío en la columna cuando Walter, utilizando su horrendo y estrafalario arte, se topa fortuitamente en el bosque con Robin, solitaria y sensible niña de 11 años. En su especial manera, el protagonista entabla una conversación y así descubre algo sobre ella que ningún adulto proveniente del mundo respetable podría haber averigüado alguna vez.

                      Sin embargo, cualquier generalización sobre este asunto debe ser puesto en la balanza ante el simple acto de audacia de los productores y la directora al realizar una película como ésta, basada en un guión inteligente que intenta provocar en el público ideas nuevas e impulsos dramáticos complejos ante un tema que normalmente sólo inspira horror y la más visceral repulsión.

                      Asimismo, la gran mayoría de los actores de Hollywood considerarían el papel de Walter como veneno puro para sus inmaculadas carreras, pero Kevin Bacon es evidentemente más listo, y más arriesgado, y estuvo a punto de obtener una nominación al Óscar por su trabajo en este filme.

                      Y es que Bacon realmente merece un reconocimiento especial por su gran actuación como Walter, quien, después de ganarse nuestra simpatía provisional, nos conduce hasta el lindero del bosque suburbano, escenario de una moderna pesadilla de Andersen o los Hermanos Grimm, y se sienta en una banca al lado de la pequeña Robin, luchando contra sus propios impulsos patológicos. En esos momentos, el trabajo de Bacon es una sobrecogedora mezcla de miedo y destino vital.

                      - Salvador Allende
                      (Francia-Bélgica-España-México, 2004)
                      Dirección y Guión: Patricio Guzmán
                      Fotografíar: Julia Muñoz y Patricio Guzmán
                      Música: Jorge Arriagada, y melodías adicionales de Inti Illimani, Violeta Parra y Quilapayún
                      Edición: Claudio Martínez
                      Narración: Carmen Castillo
                      Duración: 100 minutos
                      Distribución en México: Universidad de Guadalajara



                      Este documental narra la biografía política del que fue presidente de la República de Chile, el socialista Salvador Allende, hasta su derrocamiento por el golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973.

                      Varios son los puntos de vista dados por los entrevistados en este documental, pero todos coinciden y reconocen que Salvador Allende luchaba por conseguir una patria mas justa para los mas desposeídos y la clase obrera en general.

                      Hizo una formidable campaña maratoniana para conseguir la victoria en su primer mandato. Un expedicionario contingente al borde de un tren que recorrió gran parte de la larga geografía chilena al frente del lema “con Allende a todo vapor”.

                      No cabe duda que fue la voz puesta en tribuna por la gente llana y las clases urbanas que también apostaban por su proyecto emancipador.

                      Allende siempre incidía en que Chile debía caminar hacia el socialismo por una vía pacifica, gradual, y parlamentaria. He aquí, precisamente, la raíz que más tarde conduciría a la derrota del magnifico movimiento protagonizado por la clase obrera chilena.

                      A pesar de que Allende se consideraba marxista, y admiraba los movimientos revolucionarios, especialmente a luchadores como el Che, no comprendió que la burguesía no respeta ni cauces democráticos, ni mayorías parlamentarias, ni mayorías sociales, cuando sus privilegios están en peligro.

                      No entendía que el estado burgués es una herramienta al servicio de los empresarios, de la oligarquía, del imperialismo y que estos no dudan en utilizarlo, de la forma más brutal y sangrienta, para garantizar el mantenimiento de sus intereses.

                      Desgraciadamente, la historia volvió a demostrar la corrección de la teoría marxista del estado y cómo no es posible construir el socialismo sin el derrocamiento del estado burgués y la construcción de un estado obrero, bajo el control de los trabajadores.

                      El horror de la dictadura, las torturas, los asesinatos, las desapariciones, fueron el alto precio que tuvo que pagar el mismo y la clase obrera chilena por creer y defender la gran mentira llamada democracia burguesa.

                      Como demuestra el documental, el gobierno estaba apoyado por el poder de los trabajadores en los consejos de fabricas, barrios e institutos. Sin embargo, en el otro lado de la barricada, el imperialismo norteamericano, con Nixon y Kissinger a la cabeza, maniobraba y conspiraba para acabar con el proceso.

                      En lugar de escuchar y hacer caso a los trabajadores, que pedían armas para luchar contra los golpistas y la reacción, Allende prefirió confiar en la legitimidad que las urnas le habían dado, creyendo que los militares, la burguesía y el imperialismo aceptarían la situación.

                      Sin lugar a dudas Salvador Allende defendió su dignidad y la del pueblo entero, resistiendo en el bombardeo al Palacio de la Moneda. Hoy es todo un símbolo de honestidad personal y decencia.

                      Pero su incomprensión del proceso revolucionario que protagonizaba, su fe en la democracia burguesa, su creencia de que era posible llegar al socialismo poco a poco, y su confianza en que la burguesía aceptaría su desaparición como clase sin presentar batalla, llevaron a la clase obrera chilena a la derrota.

                      Las lecciones de todo lo que ocurrió en Chile son un valioso legado para las incipientes democracias de todo el mundo.

                      - Las tortugas pueden volar
                      (Lakposhtha hâm parvaz mikonand, Iran-Irak 2004)
                      Dirección y Guión: Bahman Ghobadi
                      Fotografía: Shahriar Assadi
                      Música: Housein Alizadeh
                      Con: Soran Ebrahim, Saddam Hossein Feysal, Avaz Latif, Hiresh Feysal Rahman,
                      Duración: 95 minutos
                      Distribución en México: Cine Video y TV



                      La Guerra de Irak ha sido el hilo conductor de unas cuantas películas en los dos últimos años, desde que Estados Unidos y sus aliados entraron en el citado país y derrocaron el régimen de Sadam Hussein.

                      Cineastas como Michael Moore o Robert Greenwald han intentado esclarecer las raíces de un conflicto que parece ser eterno, pero sus documentales se quedan en la parte más institucional, plagados de declaraciones de gente con esmoquin que vive a miles de kilómetros de la masacre y no ha visto un tanque en su vida.

                      Son filmes que rebosan buenas intenciones, pero insuficientes.

                      Los niños que protagonizan la última película de Bahman Ghobadi, “Las tortugas no pueden volar”, son seres humanos que han tenido que crecer demasiado deprisa, impulsados por la obligación de enfrentarse con la muerte a cada paso.

                      Son huérfanos cuyas extremidades las ha podido segar una mina, una bomba o una bala; niños, adultos que odian antes de reconocer lo que es el odio.

                      La cámara traspasa así los muros de la desinformación introduciendo al espectador en una realidad mostrada sin medias tintas a la hora de describir las circunstancias y necesidades de los chicos que habitan un pequeño pueblo kurdo antes y durante el conflicto.

                      Particularmente estremecedor resulta el momento de la compra de armas a cambio de minas, o la desactivación de estas a cargo de un muchacho mutilado, con su boca como única ayuda. Y qué decir del pasado de los personajes: mutilaciones, entierro de familiares, violaciones y todo tipo de matanzas componen el espeluznante lienzo de recuerdos entre los que se mueve la película.

                      Por desgracia todo suena demasiado creíble, demasiado veraz.

                      Y es que este es un filme sin tapujos, sin prejuicios y sin políticos. Sin dictadores ni salvadores. Aquí sólo hay niños en medio de un infierno inaccesible para nosotros, marginados por un dolor imposible de compartir y sin embargo cercano gracias a Bahman Ghobadi, un hombre que mira a su pueblo desde muy adentro, como debe ser.

                      - Masacre en Omagh
                      (Omagh, Irlanda-Gran Bretaña 2004)
                      Director: Pete Travis
                      Guión: Guy Hibbert y Paul Greengrass
                      Fotografía: Donal Gilligan
                      Con: Gerard McSorley, Michèle Forbes, Stuart Graham, Peter Ballance, Pauline Hutton
                      Duración: 106 minutos
                      Distribución en México: Cine Video y TV



                      A lo largo de su historia, el IRA ha dado pie a varias películas que retratan especialmente las desafortunadas consecuencias de sus acciones.

                      “En el nombre del padre” y “El boxeador”, ambas de Jim Sheridan, o “Domingo sangriento” de Paul Greengrass (Oso de Oro en Berlín 2002) son algunas de ellas.

                      Ahora, “Omagh” se suma a esta dolorosa filmografía al retratar el antes y después del atentado ocurrido en Omagh el 15 de agosto de 1998.

                      El filme de Travis traza un arco desde el momento antes del atentado de Omagh que segó la vida de 29 personas. Sin llegar a mostrar de plano a los responsables del hecho, Travis concentra su mirada en las futuras víctimas, y posteriormente en los familiares de éstas, para luego ir develando poco a poco no tanto el porqué, sino los intereses políticos e irregularidades cometidas por las autoridades antes y después de los trágicos sucesos.

                      El realizador dedica los primeros minutos de la cinta a recorrer las calles de Omagh, a seguir a los hombres y mujeres, niños y jóvenes por la ciudad; mientras muestra la llegada de la amenaza en forma de coche bomba.

                      Travis lo hace con un ritmo tranquilo que poco a poco se vuelve cada vez más frenético hasta llegar al borde de la desesperación.

                      Tras sobrepasar la desgracia, el ritmo del filme se vuelve más sosegado, pero también más doloroso, al asistir al desplome de los familiares.

                      El director ha elegido como hilo conductor de su historia a Michael Gallagher, padre de un joven adolescente, muerto en el atentado.

                      Este hombre, casi por azar, casi sin querer, se ve obligado a buscar una explicación del suceso, hasta llegar a transformarse en portavoz de su entorno. Gallagher se ve empujado a buscar a los responsables de los asesinatos y, por supuesto, a intentar llenar el vacío que ha quedado en su familia.

                      En “Omagh”, el espectador va descubriendo junto a Gallagher (interpretado en la ficción por Gerard McSorley) las irregularidades de la investigación y los presuntos errores cometidos por las autoridades, así como los compromisos políticos para alcanzar la paz en Irlanda; y con él, también asiste a su transformación de hombre pasivo a uno más enérgico y convencido de la necesidad de dar con la verdad y cerrar un caso que desde entonces permanece abierto.

                      Circuito de Exhibición República Mexicana:

                      - Cine Foro, Guadalajara, del 14 de abril al 17 de mayo
                      - Cineteca de Nuevo León, del 14 de abril al 17 de mayo
                      - Cinema Universidad, Aguascalientes de 6 al 20 de mayo
                      - Instituto Coahuilense de Cultura (Saltillo, Coahuila) del 10 al 22 de mayo
                      - Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo (Morelia) del 14 al 26 de mayo
                      - Cineteca Municipal Durango del 17 al 29 de mayo
                      - CORACYT de Tlaxcala del 20 de mayo al 1 de junio;
                      - Promotora Cultural de Zacatecas del 24 de mayo al 5 de junio;
                      - Teatro Principal, Guanajuato, del 1 al 13 de Junio
                      - Instituto Cultural de León, del 3 al 15 de junio
                      - Teatro Ágora de la Ciudad, Jalapa, Veracruz, del 8 al 19 de junio
                      - Instituto de Cultura de San Luis Potosí, del 10 al 22 de Junio
                      - Sala de Arte Universidad, Oaxaca, del 15 al 26 de Junio
                      - Instituto Cultural Tampico, (Tampico, Tamaulipas) del 17 al 29 de Junio
                      - Sala de Arte Antonio O. Ramírez, Villahermosa (Tabasco) del 22 de Junio al 4 de Julio
                      - Cineteatro Rosalio Solano, Querétaro, del 24 de junio al 6 de Julio
                      - Teatro Emilio Rabasa, Tuxtla Gutiérrez; del 29 de Junio al 11 de Julio
                      - Teatro Daniel Zebadua, San Cristóbal de la s Casas, del 1 al 13 de Julio
                      - Instituto de Cultura de Campeche, del 8 al 20 de Julio
                      - Teatro Guillermo Romo de Vivar (Pachuca, Hidalgo) del 11 al 23 de Julio
                      - Teatro Mérida (Mérida, Yucatán) del 15 al 27 de Julio
                      - Instituto de Cultura de Baja California (Tijuana) del 21 de julio al 3 de Agosto
                      - Universidad Iberoamericana Campus Laguna (Torreón) del 15 de Agosto al 6 de septiembre

                      Correspondencia con esta cinematográfica columna que está a punto de quedarse ciega:

                      codigocine@yahoo.com



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                          la web el observante

                          viernes, abril 01, 2005

                          XLV Muestra Internacional de Cine I



                          Es una tradición que data de 1971, un evento que ningún cinéfilo quiere perderse.

                          La Muestra Internacional de Cine que organiza la Cineteca Nacional es sin duda uno de los eventos de cine más esperados en México.

                          A diferencia de un festival de cine, el cual generalmente se realiza en un solo sitio, la Muestra es uno de los pocos ciclos –junto con el Tour de cine Francés y el Festival Cinematográfico de Verano de la UNAM- que recorre casi todo el país ofreciendo a miles de personas la oportunidad de acercarse al cine alternativo, a las cintas que han triunfado en algunos de los festivales más importantes del mundo.

                          Con el lema “Bajo el cine en la piel”, la XLV Muestra Internacional de Cine en su segmento de primavera incluirá 17 cintas de al menos 14 países, realizadas por cineastas de la talla de Woody Allen y Jean-Luc Godard.

                          Al igual que en anteriores ediciones, la Muestra incluirá producciones del cine mexicano, el cual este año estará representado por el documental “Ni muy muy, ni tan tan, simplemente Tin Tan”, de Manuel Márquez.

                          “Ni muy muy...Ni tan tan...”, es el primer documental que hace un seguimiento riguroso de la carrera de Germán Valdés "Tin Tan" (1915-1973).

                          La cinta es resultado de 31 entrevistas realizadas a la familia, compañeros, amigos y estudiosos del la carrera de este artista que representó por varias décadas a "El pachuco", uno de los personajes típicos de la década de los cuarenta.

                          También está programada la ópera prima de Jaime Aparicio “El mago”, así como la coproducción de México con Francia, Bélgica y España “Salvador Allende”, del realizador chileno Patricio Guzmán.

                          Con una fuerte presencia de cine iberoamericano, la muestra exhibirá cintas de noveles creadores y de latitudes poco conocidas como Corea del Sur, Irán o Uruguay; sin dejar de lado a los monstruos de la cinematografía mundial como Woody Allen o Godard.

                          A continuación les dejamos la primera parte del recuento de películas que integran la XLV edición de la Muestra.

                          - Melinda, Melinda
                          (Melinda and Melinda, Estados Unidos 2004)
                          Dirección y guión: Woody Allen
                          Director de Fotografía : Vilmos Zsigmond
                          Música: Piezas de Igor Stravinsky, Johann Sebastian Bach, Johannes Brahms y Béla Bartok; temas musicales interpretados por Dick Hyman, Erroll Garner, Adam Hamilton, Soul Avengerz y Heinz Roemheld
                          Con: Will Ferrell, Radha Mitchell, Neil Pepe, Stephanie Roth Haberle, Chloë Sevigny, Amanda Peet,
                          Duración: 100 minutos
                          Distribución en México: 20th Century Fox



                          Tomando como eje a un enigmático y bellísimo personaje femenino llamado Melinda (Radha Mitchell), sendos escritores teatrales, especializados respectivamente en el drama y la comedia, especulan ante sus amigos sobre los posibles desarrollos de una leve ficción interpretada bajo la doble clave dramática y cómica. De esa forma, ambas historias irán discurriendo en paralelo, teniendo como origen una situación similar: la irrupción de una inesperada intrusa en el seno de sendas cenas de amigos que en realidad esconden extrañas motivaciones.

                          Dos visiones de la vida distintas: la comedia y el drama. Ese es el tema de la película de Allen y además lo mezcla con sus elementos favoritos: la fragilidad del amor, la infidelidad dentro del matrimonio, el romance sofisticado, la incapacidad de comunicación.

                          Allen relata la misma historia con los mismos elementos de manera distinta dándonos el mismo resultado.

                          Woody Allen se acerca a los setenta años en plena forma, con un cine delicioso, genial en su irregularidad y muy divertido. Sigue embarcado en ese cine distendido, desenfadado, que no ligero, disfrutando con sus nuevas historias.

                          Historias en las que se ríe de sí mismo y de todo, incluso de su pasado y de personajes que por él deambularon. Y se regocija en su virtuosismo, aparentemente sencillo, en la escritura y la dirección, dando año tras año películas deliciosas.

                          Ese virtuosismo le ha llevado ahora a plantear una historia, “Melinda y Melinda”, que se cuenta desde dos puntos de vista, uno dramático y otro cómico, en una lejana y atractiva variación del clásico Rashomon, de Akira Kurosawa.

                          Tras varias comedias que podían tacharse de simplonas, “Melinda y Melinda” recupera el fuelle que Allen había perdido en los últimos años y nos devuelve lo mejor del cineasta: su capacidad de experimentación y su talento para desarrollar un guión cargado de inventiva.

                          - Nuestra Música
                          (Notre Musique, Francia-Suiza 2004)
                          Dirección, guión y edición: Jean-Luc Godard
                          Fotografía: Julien Hirsch y Jean-Christophe Beauvallet
                          Música: Selecciones de piezas de Jean Sibelius, Alexander Knaifel, Hans Otte, Cetil Bjornstad, Meredith Monk, Gyorgy Kurtág, Valentin Silvestrov, Piotr Tchaikovsky, Trygve Seim, Arvo Pärt, Anouar Brahem y David Darling
                          Con: Sarah Adler, Nade Dieu, Rony Kramer, Georges Aguilar, Leticia Gutierrez, Ferlyn Brass, Simon Eine
                          Duración: 80 minutos
                          Distribución en México: Alfhaville



                          “Nuestra música”, como casi toda la filmografía de Godard, es una película de difícil digestión.

                          Godard ha sido fiel a su planteamiento de un cine anti-clásico, aunque los años le han ido radicalizando en su cinematografía.

                          Sus últimos proyectos son de corte experimental y exageradamente minoritarios.

                          Es el caso de “Nuestra música”.

                          El filme tiene tres partes: infierno, purgatorio y paraíso.

                          El infierno abarca apenas siete minutos de imágenes de guerra apoyadas por cuatro piezas para piano y varios textos recitados.

                          El capítulo más extenso es el purgatorio -quizá porque es el que abunda en el mundo-, que trascurre en Sarajevo durante los Encuentros Europeos del Libro. En el mismo se mezcla la ficción con la realidad de las conferencias y las charlas con escritores como el español Juan Goytisolo.

                          El paraíso dura más o menos diez minutos, donde una mujer joven yace en una playa custodiada por soldados estadounidenses.

                          A pesar del hermetismo del cine de Godard, la crítica le sigue apoyando.

                          Desde las alabanzas de la ilustre revista francesa Cahiers du Cinema hasta los mimos de los más importantes festivales europeos, San Sebastián lo recibió en la sección Zabaltegi y Cannes en la selección oficial. La crítica también le ha apoyado con uno de los varios premios Fipresci que otorga a la mejor película del año 2004. Otro reconocimiento le llegó de la Academia Europea de Cine, que le puso como candidato a mejor guionista y a su protagonista, Sarah Adler, a mejor actriz.

                          “Nuestra Música” es un film, como otros muchos del cineasta, que pulveriza los esquemas narrativos tradicionales, incluidos los menos tradicionales y también los nada tradicionales, al prescindir de todos los puntos de apoyo conocidos: historia, protagonistas, puntos de giro, funcionalidad supuesta de los encuadres, etc.

                          Godard convierte los tres actos clásicos en tres apartados: Infierno, Purgatorio y Paraíso, que, en cierto modo, mantienen la evolución del relato, haciendo convivir en el film a personajes y personas, permitiéndose incluso situar a uno/a de ellos/as, el interpretado por el propio cineasta, entre ambos mundos.

                          Desde estas posiciones tremendamente abiertas, siempre atentas a cualquier camino por explorar, la película nos propone, con unas imágenes en ocasiones cargadas de magia y otras veces teñidas de una obviedad que casi ofende (los marines norteamericanos que custodian el jardín del Edén final, por ejemplo), pero siempre pisando la raya de lo sublime (con el peligro de caer del otro lado), una reflexión sobre la violencia y la guerra que adjudica a la palabra, como expresión de la inteligencia, la cultura y los sentimientos, el papel de contracampo de aquéllas.

                          Una dialéctica de plano / contraplano que la película plantea explícitamente, con la ciudad de Sarajevo como significativo fondo, y con el conflicto palestino como dolorosa actualidad de esa dualidad: los excluidos del pasado, los judíos, practicando la exclusión con sus vecinos de hoy.

                          Todo el film (musicalizado exquisitamente mediante sombrías composiciones para piano) es una constante autorreferencia a Godard y su obra, incluyendo secuencias de diálogo montadas y fotografiadas con el particular modo del realizador.

                          En definitiva, otra perla personal e intimista


                          - Whisky
                          (Uruguay-Argentina 2004) 95 minutos
                          Dirección: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll
                          Guión: Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll, Gonzalo Delgado
                          Fotografía: Bárbara Alvarez
                          Música: Pequeña Orquesta Reincidentes
                          Con: Jorge Bolani, Mirella Pascual, Andrés Pazos, Daniel Hendler, Ana Katz, Alfonso Tort
                          Duración: 95 minutos
                          Distribución en México: Cinematográfica Macondo



                          Luego de prácticamente crear la industria cinematográfica en Uruguay con su primera película, la independiente y multipremiada “25 Watts”, sus autores presentan su segunda cinta, donde el mayor presupuesto les permite trabajar en color y en mejores condiciones técnicas.

                          Rebella y Stoll hacen una obra totalmente diferente a su debut, donde se lucen con una narración verdaderamente más intensa.

                          “25 Watts” -exhibida en México en una de las ediciones del extinto Festival Ibercine- fue una película interesante y entretenida, que, aunque con mucha calidad, no dejaba de repetir ciertos arquetipos del cine “joven”independiente.

                          “Whisky” logra un lenguaje propio e inesperadamente adulto, donde se muestra a un solitario Jacobo, dueño de una lamentable fabrica de medias, cuya madre ha fallecido y que confía en una de sus empleadas, Marta, para que lo ayude a engañar a su hermano que viene de visita.

                          Lo que Jacobo le pide a Marta (tácitamente, en la película nunca se menciona) es que ella lo ayude a fingir que su vida no es tan mediocre. La presencia del hermano no hace más que acentuar más las características complejas de los personajes, y de las situaciones plagadas de humor absurdo que se generan en torno a ellos.

                          Una exploración gélida a la conducta de esta gente que no se habla cuando es imperante que lo haga, o que se habla si motivos.

                          “Whisky” está plagada de códigos para descifrar por espectadores avezados, indicios que se van completando a medida que pasa el relato, en el que, también a la manera de Paul Thomas Anderson, se explota continuamente el recurso de pequeños accidentes domésticos, conflictos mínimos que colaboran con la construcción perfecta de estos personajes impenetrables.

                          La historia es enternecedora, parte de un argumento que puede ser insignificante, y agregando el tono absurdo, “Whisky” es un trago de cine del bueno que hace de la composición de tres personajes una anédota inolvidable.

                          ¿En base a qué?

                          Un tratamiento de imagen (y objetos) notable, humor constante que no esconde la tristeza de sus criaturas, y un tono tan atractivamente melancólico como el Uruguay mismo.

                          - El pozo
                          (Io non ho paura, Italia-España-Gran Bretaña, 2002)
                          Director: Gabriele Salvatores
                          Guión: Niccolò Ammaniti y Francesca Marciano; basado en la novela “Io non ho paura”de Niccolò Ammaniti
                          Música: Ezio Bosso y Pepo Scherman.
                          Fotografía: Italo Petriccione
                          Con: Diego Abatantuono, Aitana Sánchez-Gijón, Giuseppe Bocchino, Dino Abbrescia, Mattia Di Pierro, Stefano Biase
                          Duración: 108 minutos
                          Distribución en México: Cine, Video y Televisión




                          Desde hace varias décadas, el cine ha vuelto una y otra vez sobre el tema de la inocencia perdida, sobre ese momento de la infancia en el cual algunos de los miedos más profundos llegan a materializarse: el misterio de la muerte, el terror a lo desconocido, el descubrimiento de la crueldad del mundo adulto, una crueldad que muchas veces los niños reproducen a su propia escala.

                          En esta línea se inscribe “El Pozo”, la película más reciente del director italiano Gabriele Salvatores, que en 1991 obtuvo el Oscar en la terna de Mejor Película Extranjera por “Mediterráneo”.

                          Ese mismo lenguaje se reconoce ahora en el comienzo de “El pozo”, cuando un grupo de chicos y chicas atraviesan a toda carrera un refulgente campo de trigo, abriéndose camino a través de espigas más altas que ellos, en un mar amarillo que parece devorarlos bajo un sol abrasador.

                          Son habitantes de un pueblo perdido en un rincón de Sicilia, amigos que comparten la soledad y la pobreza de ese mundo olvidado, donde no hay signos de la llegada de la modernidad.

                          Entre ellos se imponen esos juegos en donde la ingenuidad se mezcla con la malicia, incluso con la impiedad.

                          Pero Michele parece distinto, como si tuviera otra sensibilidad. Y será Michele, justamente, quien deba enfrentarse a un misterio que parece salido de sus propias pesadillas.

                          Basado en una novela de Niccoló Ammaniti, que en Italia llegó a vender 180, 000 copias, “El pozo” va construyendo primero la atmósfera que desembocará en el descubrimiento de Michele: una casa abandonada en medio del campo, el silencio sólo quebrado por las chicharras del verano, un extraña cueva camuflada por unas chapas y pasto seco.

                          Allí, en ese pavoroso agujero en la tierra, al que se asoma con tanto horror como curiosidad, Michele cree descubrir a su doble: un niño de su misma edad, pero rubio, que está encerrado como un animal, sin agua ni comida.

                          No conviene develar muchos más detalles de la trama, pero basta con señalar que ese niño salvaje con el que tropieza Michele está allí a causa de un secuestro.

                          En este contexto, los adultos que aparecen en “Io non ho paura” se van asemejando cada vez más a ogros, particularmente el personaje que interpreta Diego Abatantuono, una figura muy frecuente en el cine italiano de los últimos veinte años y que con su estatura enorme, su voz tronante y su aspecto mafioso se impone por sobre sus cómplices locales.

                          No parece un dato casual que este personaje provenga de Milán (la ciudad natal deldirector Salvatores,) y que las dos Italias –la próspera del norte y la postergada del sur– vuelvan a aparecer, como siempre en el cine peninsular, como las dos caras antagónicas de una misma moneda.

                          Esas dos Italias también parecen estar representadas en los dos chicos, confrontados a una realidad que los supera.

                          Esos contrastes también tienen su correlato formal en el film de Salvatores: el mundo adulto es oscuro, cerrado, vicioso, mientras que el de los chicos es siempre luminoso, abierto, lúdico.

                          Un canto a la valentía, a la justicia, a la libertad.

                          - Luna de Avellaneda
                          (Argentina-España 2004)
                          Director: Juan José Campanella
                          Guión: Fernando Castets, Juan Pablo Doménech y Juan José Campanella
                          Música: Ángel Illarramendi.
                          Fotografía: Daniel Shulman
                          Con: Ricardo Darín, Mercedes Morán, Eduardo Blanco, Valeria Bertucelli, Silvia Kutika, José Luis López Vázquez, Daniel Fanego, Atilio Pozzobón
                          Duración: 143 minutos
                          Distribución en México: Artecinema



                          Luna de Avellaneda es un antiguo club argentino de barrio donde se desarrollan distintas actividades sociales y deportivas. En sus inicios el club gozaba de gran cantidad de socios y destacaba por su prosperidad, pero en la actualidad el club no vive un buen momento económico y la participación de la gente del barrio cada vez es menor.

                          Román (Ricardo Darín), socio vitalicio ya que su madre dio a luz dentro del club, y el resto de gestores incluido el viejo Don Aquiles, uno de sus fundadores, se esforzarán para evitar el inminente cierre de Luna de Avellaneda.

                          Juan José Campanella vuelve a traernos otra pequeña ración de cine social argentino con Ricardo Darín como protagonista. Anteriormente pudimos disfrutar de ésta pequeña sociedad que han montado actor y director en la fantástica “El Hijo de la Novia”.

                          Campanella bucea en los deseos de esta gente común por no abandonarse a las circunstancias de vida que les toca sufrir.

                          Entre los personajes se descubre que no hay amores eternos, pero también que cada uno siempre puede hacer un poco más por mantenerlos en pie.

                          También se reflexiona sobre la realidad de un país que se derrumba, en el que las buenas intenciones no alcanzan y donde pareciera que no vale la pena luchar.

                          Pero este grupo de personas especiales que se aman al tiempo que se odian, que se resienten al tiempo que se buscan, están dispuestos a dar batalla a sus emociones desencontradas y a una realidad socioeconómica asesina de sueños.

                          Descriptiva y simbólica a la vez, la película de Campanella está bien narrada, es minuciosa en el diseño de sus personajes, consagra la dupla Darín-Blanco como de las mejores que dio el cine argentino de los últimos años, ingeniosa en los diálogos, tierna, amena, divertida, sin golpes sensibleros.

                          - Las alas de la vida
                          (Lilja 4-ever, Suecia-Dinamarca 2002)
                          Dirección y guión: Lukas Moodysson
                          Fotografía: Ulf Brantås
                          Música: Nathan Larson
                          Con: Oksana Akinshina, Artyom Bogucharskij, Lyubov Agapova, Liliya Shinkaryova, Elina Benenson
                          Duración: 109 minutos
                          Distribución: Quality-Arthaus-Videocine



                          “Lilja 4-ever”, es dirigida por uno de los talentos más emergentes del cine europeo actual, Lukas Moodysson (Together y Fucking Amal).

                          La cinta es una muy lograda descripción sobre la condición de un importante sector de la juventud de la Europa empobrecida, particularmente los territorios que alguna vez fueron parte de la Unión soviética.

                          Es una mirada realmente estremecedora a la vida de una adolescente rusa que se va quedando poco a poco sin alternativas, terminando inserta en la terrible estructura del tráfico sexual.

                          El comercio sexual de jóvenes mujeres y niños que se practica en Europa y otras regiones del mundo es una variante más sofisticada y, si cabe, más cruel, del comercio de esclavos procedentes de Africa, practicada por las emergentes potencias capitalistas europeas, Gran Bretaña a la cabeza, desde el siglo XV en adelante.

                          Comercio que constituyó, en esos siglos, el mayor elemento de acumulación del sistema capitalista.

                          Hay un hilo conductor entre aquella esclavitud y la que describe la cinta.

                          Según ha estimado la Unión Europea, están atrapadas por las mafias capitalista actuales y obligadas a prostituirse en las luminosas, ricas y ”civilizadas” ciudades de Europa occidental poco más de 700 000 mil mujeres. Cifras oficiales.

                          La realidad puede ser cuantitativamente peor.

                          - Contra la Pared
                          (Head-On, Alemania-Turquía 2004)
                          Dirección y guión: Fatih Akin
                          Fotografía: Rainer Klausmann
                          Música: Alex Menck, Maceo Parker
                          Con: Birol Ünel, Sibel Kekilli, Catrin Striebeck, Güven Kirac, Meltem Cumbul, Zarah McKenzie, Stefan Gebelhoff
                          Duración: 123 minutos
                          Distribución en México: Cinemas Nueva Era



                          Cahit y Sibel son dos alemanes de origen turco. Él con treinta y pico de años lleva una vida miserable consumiendo alcohol y cocaína. Ella, Sibel, intentó suicidarse, tratando de huir del conservadurismo de su familia.

                          Los dos se conocen en un hospital y Sibel le pide a Cahit se case con ella para liberarse de la presión familiar. Llevan a cabo el plan y ella inmediatamente le aclara que cada quien viva su vida y en absoluta libertad.

                          Pero las cosas, de pronto, toman otro rumbo.

                          La pareja jamás volverá a ser indiferente uno para el otro.

                          No es una película sobre la emigración, pero tiene un importante peso el cruce de culturas entre Alemania y Turquía.

                          Como aludiendo a una fábula que contara una historia de amor basada en el fracaso, un grupo de músicos y una cantante introducen la acción, la adornan en algunos intermedios y la despiden sin intención de hacer moralejas.

                          No es fácil hacerlas con esos dos seres inestables: un joven que vive en un absoluto desorden doméstico, físico y mental, y una alemana descendiente de turcos que ve cómo su entrega emocional choca con la rigidez de costumbres de su familia.

                          Pero "Contra la pared" no se plantea como el habitual amor frustrado por las diferencias culturales o ideológicas, sino como un cruce fatalista de deseos. Ella se empeña en que vivan juntos por conveniencia, aunque no se amen; él parece querer que le dejen en paz. Cada uno a su modo, con esa vocación autodestructiva, evitan dejar paso al amor. Hasta el punto de que cuando está ahí, apenas son capaces de darse cuenta.

                          En esa visceralidad y obstinación de uno y otra reside buena parte del atractivo de la película. Al director se le ve demasiado fascinado por esa especie de poesía de la autodestrucción.

                          El clima que crea Fatih Akin (con apoyo de canciones que van de Depeche Mode a Sisters of Mercy) y la fuerza de los actores, consolidan una poderosa pasión amorosa.