viernes, 23 de junio de 2006

La historia del camello que llora



En materia de cine, un documental se plantea no simplemente como una necesidad de mostrar un evento determinado, sino de apuntar, de guiar la mirada hacia aquello que el documentalista quiere que el espectador vea, pasando por los diversos filtros de rigor (la mirada del documentalista, la cámara, el montaje y lo que éste elimina).

“La historia del camello que llora” se presenta como un intento de que veamos algo que en nuestra vida cotidiana seríamos incapaces de ver.

Los realizadores, estudiantes de la Escuela de Cine de Munich, se internan en el desierto de Mongolia, encuentran una historia maravillosa y son capaces de contarla casi sin palabras, con una delicadeza y un respeto hacia sus personajes que devuelven al cine a su escala más humana.

El plan inicial del italiano Luigi Falorni y Byambasuren Davaa (una realizadora nacida en Ulan Bator, en Mongolia) era capturar para la cámara las tradiciones de los criadores de camellos del desierto de Gobi, en vías de desaparición.

Pero la larga estancia junto a varias familias de la región los puso frente a una historia irresistible de la que supieron sacar el mejor provecho, contándola con un mínimo de recursos pero con una gran sensibilidad.


© FilmHouse

Todo parece marchar sobre ruedas en la temporada de parto de los camellos: las crías son muchas, sanas y fuertes.

Pero sucede que la última hembra en parir tiene un trance difícil (el retoño es demasiado grande y la madre sufre más de lo habitual) y termina rechazando al recién nacido, al que se niega a amamantar.

La familia dueña de la manada de camellos sigue la circunstancia muy de cerca, con preocupación, mientras se dedica a sus tareas habituales, en medio de un clima muchas veces hostil, caracterizado por fríos y vientos extremos.


© FilmHouse

Su economía depende de esos camellos –de los que extraen lana y leche– y no se pueden permitir perder a ninguno. Y mucho menos a una cría tan hermosa, inusualmente blanca, que persigue sin suerte a su madre inclemente.

En principio, el biberón parece una alternativa, pero la familia –padre, madre, tres hijos y abuelos– sabe que no será suficiente para que sobreviva.

Por lo cual envían a sus dos hijos varones, apenas dos niños, que atraviesen el desierto, lleguen a la ciudad y vuelvan con un músico quien, de acuerdo con las tradiciones, podrá con sus melodías reconciliar a la madre y su cría.

Filmada en un registro tan creíble que los límites entre realidad y ficción son imposibles de precisar (los realizadores hablan de “documental narrativo”, otros la han clasificado como “documental experimental”), esta película es un relato de enorme sensibilidad incluso para el público infantil y, al mismo tiempo, un minucioso trabajo antropológico sobre la intimidad, las costumbres y las creencias de comunidades casi desconocidas y al borde de la extinción.


© FilmHouse

“La historia del camello que llora” es una mirada humanista por sobre un tipo de observación puramente científico y antropológico –o zoológico- como suele ser el estilo documental de la Nacional Geographic (quien curiosamente produjo, junto con la Escuela de cine de Munich, este filme).

Un deseo de grabar una realidad que no está dada de antemano, ni un intento por rehacerla, si no de capturar un aspecto de ella, a través de imágenes sensibles y una cámara amable; y por crear, a partir de las imágenes y la naturaleza, una obra que emociona hasta las lágrimas.

Nuestra Opinión: @@@@

La historia del camello que llora
(The Story of the Weeping Camel / Die Geschichte Vom Weinenden Kamel, Mongolia-Alemania 2003)
Dirección y guión: Byambasuren Davaa y Luigi Falorni
Fotografía: Luigi Falorni
Música: Boert
Con: Odgerel Ayusch, Enkhbulgan Ikhbayar, Uuganbaatar Ikhbayar, Ikhbayar Amgaabazar, Amgaabazar Gonzon, Zeveljamz Nyam
Duración: 90 minutos
Distribución en México: FilmHouse
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra

Correspondencia con esta enternecedora columna:

codigocine@yahoo.com




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