viernes, 16 de marzo de 2007

La vida de los otros



No sólo por los premios que acumuló, sino por destilar calidad por todos lados, fue sin duda, una de las mejores películas del 2006.

Es una película que habla por sí sola, presentando una realidad opacada, descolorida y absurda.

Florian Henckel von Donnersmarck debuta en el cine con la historia (ambientada a mediados de los ochenta) de un dramaturgo alemán del Este vigilado por la “Stasi”, omnipresente y omnipotente Agencia Nacional de Seguridad, compuesta por 100, 000 funcionarios en un país de tan sólo 16 millones de habitantes.

Una población sometida constantemente de manera atroz a la vigilancia, el espionaje, la denuncia de los soplones y la acusación de los propios familiares.

Una nación que durante 45 años vivió en un estado de terror ininterrumpido.

Georg Dreyman (Sebastian Koch) es un dramaturgo que aunque reconocido por el régimen empieza a ser vigilado por la Stasi, sospechoso de quizás intentar cambiar la ideología de sus compatriotas a través de sus obras.

A partir de este momento se establece todo un operativo de vigilancia en el que las amenazas y las extorsiones son la pieza angular.

Intimidado por un ministro lascivo (Thomas Thieme) que aprovecha el poder ilimitado que ofrece un sistema dictatorial como el soviético, Dreyman comienza a recapacitar sobre el nivel ínfimo de existencia que mantienen él y sus compatriotas, pese a los reconocimientos o a determinada seguridad primaria.


© Zima

Ante el comienzo de sus actividades “anti-patriotas”, su compañera, la renombrada actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck) prefiere no saber qué está pasando, porque sabe que llamada a un interrogatorio acabará confesando tarde o temprano.

El último personaje clave en esta trama es el del Capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), anónimo y deshumanizado agente de la Stasi, encargado de realizar las escuchas en su domicilio a la pareja de artistas.

A través de numerosas secuencias de este personaje, encerrado en un cuartucho, pendiente de lo que hacen o dicen los protagonistas en la intimidad de su domicilio, podemos entender claramente la progresión de su personaje cuando pasa de ser un anónimo funcionario represivo a un ser que empieza a entender que por fuerza tiene que haber una vida más rica, más intensa, más personalizada, más allá que la de la obediencia sumisa al estado.


© Zima

Un estado que en realidad jamás mira por sus ciudadanos, sino por su propia perpetuación, y que en consecuencia, ha de eliminar a todo aquel elemento discordante.

La película prescinde de grandes recreaciones de época o del puntillismo histórico para contarnos una historia que habla del ambiente, de las coordenadas ideológicas, de la decadencia instalada en la que nada puede crecer.

Es una historia que también reflexiona sobre la libertad, pero lejos de hacerse discursiva o pesada, lo hace a través de una trama bien planificada dramáticamente, y que no renuncia a establecer una empatía clara con sus personajes.

Florian Henckel von Donnersmarck dota a su debut de una austeridad casi religiosa, que no va en detrimento sino todo lo contrario de un ritmo implacable, que consigue que sus casi dos horas y media de metraje no resulten un trago difícil de soportar.


© Zima

De tal forma, el realizador consigue un retrato fascinante del espía gubernamental, dejando en un plano cargado de ambigüedad todo lo relativo a su fidelidad al régimen y a qué enigmáticos resortes lo conducen a ayudar a aquellos que en realidad parecen ser sus enemigos.

El director ha tenido el talento necesario como para no presentar un pesado estudio histórico sobre una determinada época, y en ocasiones, quizás con la ironía de la que dota el dolor, llega a conseguir escenas "cómicas" a fuerza de mostrar lo absurdo que es un sistema semejante, y lo más absurdo aún que es apoyarlo.

Un estilo reposado en todos los aspectos, contribuye de manera diáfana a recordar la falta de "vida" que se apreciaba en los paises de la esfera soviética, y los diálogos, muy trabajados, reflexionan sobre los temas que a todo ser humano preocuparían agudamente en esa situación, sin caer en ningún momento en la pedantería o ininteligibilidad.


© Zima

Película de extraordinarios pliegues narrativos, sutil en la construcción de sus inevitables giros dramáticos y con unos intérpretes en estado de gracia (tanto Ulrich Mühe como su tocayo Ulrich Tukur, ambos habituales del cine de Costa-Gavras brillan con luz propia, aunque también rozan lo sublime Sebastian Koch y Martina Gedeck) .

“La vida de los otros“ resulta un poderoso thriller donde el peso del componente histórico tiene tanta fuerza como el aliento moral que sostiene el relato, un relato que crece animado por la complejidad de unos personajes cuyas secretas motivaciones e íntimos secretos sostienen las casi dos horas y media que dura esta película y que pasan volando ante nuestra atonía y desasosiego toda vez que conseguimos penetrar en el descarnado juego de falsos espejos con el que logra embaucarnos Florien Henckel von Donnersmarck

Los actores, claramente alemanes, y no sólo por su nacionalidad, realizan en su totalidad un trabajo soberbio, absolutamente creíble, empapado de miedo y tristeza, pero anticipando al mismo tiempo la muerte insoslayable de regímenes como el comunista.


© Zima

“La vida de los otros”, es también la enternecedora historia de una empatía, de un síndrome de Estocolmo a la inversa, el que se produce entre el espía y el espiado que jamás llegará a sospechar de la existencia de aquél que le vigila en su cotidianidad.

También es la historia de un desencanto, el de aquellos intelectuales que en su día soñaron con un mundo regido por criterios de justicia social, ante el fracaso de sus propias ambiciones, al verse convertidos en marionetas de sus propios verdugos.

Una película que casi veinte años después de la caída del muro, se hace obligatorio ver.

“La vida de los otros” va ganando a medida que transcurren los minutos, y que vista con perspectiva revela su inmensa humanidad.

Nuestra Opinión: @@@@

La vida de los otros
(Das Leben der Anderen / The Lives of Others, Alemania 2006)
Dirección y guión: Florian Henckel von Donnersmarck.
Fotografía: Hagen Bogdanski
Música: Gabriel Yared y Stéphane Moucha
Con: Ulrich Mühe, Sebastian Koch, Martina Gedeck, Ulrich Tukur, Thomas Thieme, Hans-Uwe Bauer, Volkmar Kleinert, Matthias Brenner, Herbert Knaup
Duración: 137 minutos
Distribución en México: Zima
Clasificación: @ Insoportable, @@ Regular, @@@ Buena, @@@@ Obra Maestra


Trailer, The lives of others







Entrevista, Florian Henckel





Correspondencia con esta vouyerista columna:

codigocine@yahoo.com












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